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domingo, 2 de octubre de 2016

TERAPIA DEL SENTIDO COMÚN

Si tienes inclinación religiosa y fe firme en un Cielo más allá de este mundo al que aspiras a ir después, piensa en ese Cielo según tu concepción. Imagina una escalera que conecte este mundo con el Cielo. Ahora asciende esta escalera, peldaño tras peldaño. Sabes que hay millas, millas y millas de espacio que separan este mundo del Cielo. Por lo tanto, debería haber millones y millones de peldaños en tu escalera. Pero tú deseas alcanzar el Cielo de alguna forma. Así que continúas ascendiendo la escalera, peldaño tras peldaño. Concentra toda tu atención en este trabajo. Mantén tus párpados cerrados; no los abras. Te dormirás pronto.
O tal vez tengas alguna mascota – un perro, gato, caballo u oveja. Entonces piensa que posees un vasto rebaño. Las has sacado a pastar. Has vuelto con ellas. Ahora, antes de dejarlas en el establo, quieres asegurarte de que todas hayan regresado bien. Cuando vayan entrando al establo, comienza a contarlas de a una – una; la siguiente, dos; luego, tres…y así sucesivamente, hasta que caigas profundamente dormido.
Si eres un oficial del ejército, en vez de contar ovejas, puedes contar muchos hombres; te dormirás mientras los cuentas.
Si eres un comerciante, puedes contar fardos de telas o bolsas de azúcar o arroz. Mentalmente distribúyelos a miles de clientes que estén esperando afuera. Despacha a estos clientes uno a uno hasta que no los puedas contar más y caigas profundamente dormido. Si eres un cajero, cuenta mil rupias en monedas con cantidad de monedas de una paisa y toda clase de monedas mezcladas.
Si eres un maestro de escuela o un profesor, puedes contar estudiantes en vez de todo eso y distribuirles certificados o diplomas. Eres un profesor muy popular; por lo tanto, miles estudian contigo. Debes tener suficientes estudiantes como para que te permitan dormir.
Pero suponiendo que seas un estudiante, tengo un somnífero de primera para ti. Toma tu libro de historia o geografía (por supuesto que cuento con que no te gusten esas materias – pero si eres un alumno diligente en historia y geografía, entonces toma un libro de matemática o cualquier texto que te aburra, que no te interese en absoluto ¡y que debas leer para tu examen!). Continúa leyendo. Persiste en ello. Dite, “Ahora no leeré otro libro”. Descubrirás temprano en la mañana que la lámpara quedó encendida toda la noche y que te dormiste donde estabas, sobre la tercera página del libro.
Los aspirantes espirituales (aquellos que no tengan gran interés en el estudio de complejos textos vedánticos) pueden tomar similarmente un libro difícil, con oraciones largas y tortuosas, y palabras poco claras y comenzar a estudiarlo.
Pero la vasta mayoría entre los “aspirantes espirituales” encuentran en el Japa Mala la más dulce de las canciones de cuna. Apaga todas las luces. Siéntate en tu cama. Envuélvete abrigadamente. Toma el Mala y comienza a hacer Japa. Unos pocos minutos después (te sorprenderás de qué pocos minutos en verdad toma esto) estarás haciendo Japa, totalmente acostado en la cama. Después sólo oirás tu despertador sonando a las 4 de la mañana.
¡Supón que el Japa mismo te mantenga despierto! Bueno y bien, entonces no duermas y continúa repitiendo Su Nombre. Eres un aspirante de primera clase. Muy pronto no lograrás sueño sino Samadhi. ¡Que Dios bendiga a tal aspirante!
No cambies frecuentemente el lugar de tu cama. Si duermes en la misma clase de cama, en la misma habitación, a la misma hora y en la misma posición, te dormirás más rápido. Un hombre acostumbrado a un colchón duro encontrará difícil dormirse en un colchón mullido y viceversa. Un hombre acostumbrado a una cama grande o a dormir en el suelo no podrá dormir en una cama angosta o en una cama alta.
¿Has notado alguna vez esta maravillosa característica de la creación? Cuanto más inteligente es la criatura, más vertical es. Las criaturas que no tienen el poder de pensar en absoluto son totalmente horizontales. Los de poco cerebro tienen su cabeza fija justo encima de la línea de la espalda. El mono, que es muy inquieto, camina horizontalmente con la cabeza levantada y siempre se sienta verticalmente. Y el hombre, con su mayor poder de pensamiento, está siempre vertical y se siente muy incómodo incluso si se acuesta en el suelo. La madre naturaleza ha provisto un diseño que permite al cerebro tener pocas posibilidades de congestión sanguínea. A pesar de ello, el tonto hombre piensa demasiado, impelido por sus innumerables deseos, y sufre de insomnio. ¡Oh, hombre! Medita en el Señor asentado en tu corazón. Deja de pensar. Tendrás una cabeza fría y una mente tranquila.

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