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miércoles, 29 de mayo de 2019

JAVIER (150)

http://www.jewishgenealogy.com.ar/surnames_ss.html?fbclid=IwAR04s0wi7grmTUrgdGIZzcxYADO-iUWIM0LJloi4DGTiigKtc_kfbBmFhyc

Nefasto Plan Andinia

Argentina para Argentinos  Padre Herctor Blanco

https://www.youtube.com/watch?v=HdVfhQEyZRQ

BILDELBERg

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https://www.youtube.com/watch?v=SWVoD0YtaQE

JAVIER MILEI MILEICOVKI  su madre es LUCICH


judia.
él nacio en 1970 libertario liberal y de madre judia.
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Javier Milei dio clase de economía en La tribuna de Guido

https://www.youtube.com/watch?v=SPdCs3cjWnU
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https://www.youtube.com/watch?v=0jWIZ3cHfxE

Milei y Mileidi cara a cara - Peligro Sin Codificar 2018

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https://www.nuevarevista.net/

c Francisco Villaespesa 18   Ciudad Lineal   Sede de PODEMOS 
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domingo, 26 de mayo de 2019

EL RETROVISOR ALBERTO FLECHA 26/05/2019 (149)


María en lo alto del campanario de la iglesia de Foncebadón. David Campos. 2019. -


Ahora que vuelven las elecciones me ha venido a la mente una historia que lleva circulando una temporada por las redes. Es la historia de María, la paisanina de Foncebadón que el día que fueron a llevarse las campanas de su pueblo se subió al tejado de la iglesia para impedirlo.
Aquello fue en 1993 y entonces tuvo bastante eco. Ocupó páginas en los periódicos y hasta Julio Llamazares escribió un artículo en un diario de tirada nacional para contarlo. El caso fue que habían aparecido por Foncebadón un par de curas de Astorga, acompañados de cuatro guardias y seis obreros, para llevarse las campanas al museo diocesano. Eran los tiempos en los que el Pelegrín empezaba a aparecer hasta en la sopa y cada Año Jacobeo era una explosión de peregrinos a Santiago culebreando por sendas y veredas. Caminos muchas veces olvidados, como esos que cruzan a través de los duros montes que hay entre Maragatería y el Bierzo. Por eso, el campanario casi en ruinas de una aldea despoblada como Foncebadón, en medio de esos montes, aparecía ahora como una nueva amenaza de accidentes. ¿He dicho despoblado? Bueno, no del todo. Dos resistentes quedaban en el pueblo: María y su hijo, un ganadero que, como su madre, había forjado un carácter muy parecido a las ásperas condiciones de vida de ese lugar deshabitado en la montaña.
Fue María la primera en reaccionar a lo que entendió como un expolio. La comitiva que venía a por las campanas se encontró con que, desde el tejado de la iglesia, una anciana les cerraba el paso armada con piedras y un palo. De nada sirvieron las exhortaciones. Ni la advertencia de uno de los curas de que aquellas campanas ni siquiera tenían badajo. ¡Las tocaremos con el tuyo! les gritó la anciana. Mientras tanto, unos metros más allá, a la salida de un callejón, su hijo apoyaba los argumentos de su madre amenazando con pegar un tiro al primero que se atreviera a contradecirla.
No sé cuántas veces dejaría caer María su voto en una urna. Lo que está claro es que aquella dura mujer de Foncebadón hizo suyo un sentimiento que ha marcado tradicionalmente a la sociedad rural leonesa. Las campanas y el pendón del pueblo son, dice el dicho. Pero no solo. También los terrenos comunales, la aportación a las facenderas, la conciencia del bien común y la responsabilidad en mantenerlo. La identidad con lo nuestro y la necesidad de luchar por conservarlo. María fue una de las últimas de una estirpe que entendió que la democracia era eso. Cuando llegó el Estado y comenzó a hacerse cargo de todo, en forma de diputaciones, de municipios o de comunidades autónomas, la desposesión caló hasta los huesos. Y con ella el desarraigo. María, cuando vio que le quitaban algo suyo, votó. Era un voto de los de antes, un voto muy diferente a este que hoy estamos haciendo nosotros.
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FUENTE: www.importunus.blogspot.com

https://antonioparragalindo.blogspot.com/

sábado, 25 de mayo de 2019

El Deber: ancla del ser y arado de la vida (148)

1. Fuerza que nos ayuda a ser
El deber hunde sus raíces en el mundo del ser y abre la vía que hacia el ser conduce.
Potencia afirmadora, eseyente y serídica, acendradora y esencializadora, el deber nos da el ser, nos hace ser en la plena acepción de la palabra, nos arraiga en el ser del que brota la recta acción y, con ella, el fruto sazonado de la vida buena, plena, libre y feliz. Es el ancla que nos amarra al fondo insondable e inconmovible del Ser que sostiene y fundamenta toda existencia, librándonos así de naufragar en el tempestuoso mar de la vida.

El cumplimiento del deber da acceso a una vida más sólida, genuina y auténtica, una vida en la que predomina no sólo el ser sobre el hacer y el tener (los cuales, sin el ser degeneran, respectivamente, en activismo extenuante y en materialismo posesivo y depredador), sino también el ser sobre el existir, y en la cual podemos ser realmente nosotros mismos, sin
manipulaciones ajenas, sin falsificaciones ni máscaras alienantes o alteradoras. Nos hace superar el mero ex-sistir, la vida volcada hacia el exterior, dirigiendo nuestra mirada hacia dentro y ayudándonos a interiorizar nuestras energías, para así poder conocernos a nosotros
mismos, descubrirnos y encontrarnos, sernos y vivirnos con autenticidad.

El superficial y alienante ex-sistir cede el paso a un vigoroso y liberador in-sistir, que se traduce en un ser y estar en nosotros mismos, enraizados en el propio centro y conectados con la propia esencia.

Nuestro ser va indefectiblemente ligado a nuestros deberes. No te engañes ni te dejes engañar por cantos de sirena que lo único que buscan es desorientarte y hacerte naufragar. Lo que tú seas, aquí y ahora o el día de mañana, dependerá de los deberes que hayas cumplido y los que estés dispuesto a cumplir.
Sin el deber, nuestro ser se diluye, se esfuma, se atomiza y degrada, queda soterrado, sepultado bajo un cúmulo de escorias y desechos triviales que lo cubren, lo ensombrecen, lo deforman, lo distorsionan y le impiden que aflore, se desarrolle y se expanda haciendo patente su honda verdad, su intrínseca bondad y su radiante belleza.

El deber nos ancla y arraiga en el ser. Lo cual se manifiesta en dos planos claramente diferenciados aunque íntimamente unidos: 1) por un lado, nos inserta en el orden del ser, en el orden de lo real, ese orden que hace que las cosas y los seres sean, y que puedan desarrollarse con arreglo a su propio ser; 2) y por otro lado, nos conecta con el Ser que da el ser a todo cuanto existe, nos abre al Ser, nos vincula con el Ser supremo y fontanal que es el Manantial del ser, el Fundamento de la Existencia o Manifestación universal, la Piedra angular que hace posible toda vida, todo orden y toda realidad.

Arraigar en el ser es conectar con la realidad. Distanciarse del ser es sumirse en la irrealidad, con todo lo que esto acarrea de daño para la vida. El deber es, por ello, el abanderado de la realidad, nos da un baño de realidad, haciéndonos realistas en el sentido más profundo y genuino de la palabra. El cumplimiento de nuestros deberes nos educa en eso tan básico y fundamental que es el respeto a la realidad y acabará dándonos una visión realista, positiva y auténtica de la vida, cosa que resulta imposible sin el deber.

El deber nos hace esenciales, siguiendo así la exhortación de Angelus Silesius: Mensch, werde wesentlich (“Hombre, hazte esencial”; debiendo entenderse aquí la voz “hombre”, a diferencia de Mann, como sinónima de “ser humano”, y por tanto aplicable tanto al hombre como a la mujer). Es únicamente la vinculación con la Esencia (das Wesen) lo que nos puede hacer esenciales (wesentlich). Y el deber, que viene a ser como un eco, una voz o un aliento proveniente de la Esencia, nos pone en camino hacia tal vinculación, nos sitúa cara a cara frente a la Esencia, frente a lo Esencial, frente al Ser o lo que realmente es.
Eso es lo quiere decir la palabra “Esencia”: la naturaleza propia de las cosas o de los seres, lo permanente e invariable que hay en ellos, lo que les hace ser lo que son, lo que les constituye fundamentalmente, su propiedad intrínseca, las cualidades básicas y principales que conforman
su identidad.”Esencia” viene del latín esse, “ser”, vinculado a su vez al griego ousía, que significa “esencia, el hecho de ser”.
El deber arranca del Ser, de la Esencia, y porta un mensaje y un aliento cargado de esencialidad. El deber apunta siempre a lo esencial. Va más allá de lo accesorio y accidental; no digamos de lo insustancial, banal y trivial. Gracias al deber podemos, por ello, descubrir nuestro núcleo esencial que nos hace ser quien somos, desplegar en libertad nuestro propio ser, de forma rica y creadora, y vivir plenamente desde el fondo de nuestra propia esencia o íntima realidad personal. El deber nos ayuda a encontrar y afirmar nuestro Yo más alto y profundo, nuestro Ser o Self, nuestro Sí-mismo, que nos une a lo Absoluto, a lo Infinito y Eterno.
Refiriéndose al mensaje sagrado de la tradición judía, el rabino Lawrence Kushner afirma que la Ley (the Law), que nos indica cuáles son nuestros deberes, es “un Camino”, “el Camino” (the Way). Y ese Camino, tan importante para nuestra vida, añade Kushner, “viene desde la Fuente del Todo Ser” (comes from the Source of All Being), pudiendo ser considerado como “la infra-estructura del ser” (the infra-estructure of being),”el código maestro para toda creación” y también “la fuente del yo de cada persona”. El vivir de acuerdo a dicho Camino “es la más alta expresión de la conducta recta”. Aprender sobre el Camino, nos dice el citado autor, es también aprender sobre ti mismo.
1
Los deberes son como los pivotes, vigas o pilares del ser. Son las firmes columnas que sostienen nuestro ser, las pilastras o los mojones que nos permiten afirmar nuestra realidad personal y construir una vida esencial, eseyente, serídica (seinhaft que se diría en alemán) y, por eso mismo, verídica; pues el Ser es la Verdad. Los deberes se alzan en nuestro diario vivir como las piedras miliarias que marcan el sendero a seguir, los hitos que señalan y jalonan el Camino del Ser.
El cumplimiento de nuestros deberes acendra, limpia, depura y purifica nuestro ser.
Es decir, hace que se manifieste en toda pureza nuestra naturaleza o esencia verdadera y profunda. Cuando me atengo a mi deber, me libero paulatinamente de la costra superflua, espuria y banal que me impide ver quién soy y tomar conciencia tanto de mi alto destino como de mi
irrenunciable misión (ligados ambos a mi ser esencial). A medida que voy descubriendo y asumiendo deberes, voy desprendiéndome de la ganga mundana que recubre, ocultándolo y falsificándolo, el núcleo áureo y diamantino de mi esencia divina (“el Reino de los Cielos” que está dentro de mí, el Reino del Ser).
Muy certera es la idea expuesta por Jeanne Hersch en su libro L’être et la forme (“El ser y la forma”) al señalar que las “formas morales”, entre las cuales ocupan un lugar destacado los deberes, reciben del ser (l’être) la forma que las define y traza su perfil, siendo el ser “la forma de las formas” (la forme des formes). Aclarando su tesis, la autora suiza afirma que “nada tiene realidad dentro de una conciencia humana sin haber tomado forma [sans avoir pris forme].
Todo lo que existe dentro de la conciencia, es el ser especificado y limitado, son formas”. La “toma de conciencia”, la toma o adopción de forma, la prise (sustantivo derivado del verbo prendre, “tomar, prender, agarrar, apoderarse, coger o recoger”), es justamente, como observa
Hersch, “el acto por el cual el espíritu se apropia la materia dándole una forma”.
2 Es oportuno comentar que la voz francesa prise (“toma”) se utiliza también como sinónima de “conquista”: así, por ejemplo, la toma de una ciudad o una fortaleza (recuérdese la prise de la Bastille, “la toma de la Bastilla”, hecho capital de la Revolución francesa). La palabra prise
puede emplearse igualmente para expresar las ideas de adopción de una postura, tomar una decisión, toma de sangre, toma de tierra, toma de contacto, toma de hábito o toma de posesión en un cargo o puesto de mando, así como puede contener además el significado de cuajarse o
fraguarse bien algo, teniendo asimismo el sentido de hacer mella o tener ascendiente o influencia sobre alguien (avoir prise sur quelqu’un).
Con respecto a este conjunto de ideas sobre la forma y la toma de forma, podemos decir que el Ser es la Forma originaria, supraformal, fontanal y fundante, formadora y moldeadora, que da forma a todo cuanto aparece o se presenta, ya sea ante nosotros o en nosotros mismos.

Como tal Forma formadora, la fuerza del ser nos empodera, se apodera de nosotros y nos apodera; esto es, nos da poder para hacer lo que tenemos que hacer, permitiéndonos tomar conciencia de nuestros deberes y tomar las decisiones necesarias para llevarlos a cabo.
1 L. Kushner, Eyes remade for Wonder, Woodstock, Vermont, 2002, p. 36.
2 J. Hersch, L’être et la forme, Neuchâtel, 1946, pp. 13, 131.
El deber es poder, como ya hemos visto en otra ocasión. Los deberes son poderes de los que disponemos para encauzar correctamente nuestra vida y vencer toda oposición o contratiempo que podamos encontrar en el camino. La voz autoritaria del deber manda formar a nuestro ejército, llama a filas a nuestras tropas, para librar la batalla en la que nos jugamos todo, la batalla que nos ha de llevar a la conquista espiritual. El deber, cuya fuerza viene del Ser como Forma que da forma a la vida intelectual y moral, nos abre la vía a la toma de una ciudadela que parece lejana e inexpugnable: la ciudad del Ser, el baluarte de la Esencia, que es el reino
de la felicidad, la paz, la libertad, la unidad y la plenitud.

Gracias a los deberes que vamos reconociendo, descubriendo, aceptando y cumpliendo a medida que avanzamos en nuestra senda vital, nuestra vida cobra forma, cuaja y se fragua, adquiriendo el temple del acero bien forjado, permitiéndonos tomar posesión de nuestra realidad, de nuestro mundo. Gracias al deber, en vez de devenir víctima de la circunstancia que nos ha tocado vivir, puedo poseerla, hacerla propia, encauzarla y salvarla, como pedía Ortega.
Bien se puede decir que el deber viene a ser como el agua celestial que, portando un mensaje de lo alto, un mensaje liberador, riega la vida haciendo que crezca, que grane, que se desarrolle con fuerza y de forma sana, que florezca y dé fruto sazonado.

Hay en el núcleo mismo del deber una actitud afirmadora, un sí resuelto y decidido al ser –el ser del hombre y el ser de todo lo existente–, y por lo tanto un sí al sentido de la vida y de lo real, frente a toda tentativa de negación, destrucción o subversión. Esa fuerza de afirmación que el deber lleva consigo constituye el mejor antídoto contra las tendencias nihilistas que hacen estragos en las épocas de crisis y se adueñan de las sociedades decadentes minando sus mismas posibilidades vitales. Recurriendo a una poética expresión de Heidegger, cabría decir que el deber es el pastor, heraldo y mensajero del ser.
Viniendo su fuerza del Ser, de lo que realmente es, el deber nos eleva por encima del devenir y nos libera de su tiranía, situándonos en un plano superior en el que nos sentimos ser en plenitud. Nos arranca de la horizontal de lo efímero y cambiante para situarnos en la vertical de lo trascendente e imperecedero, en el punto central donde resplandece el “yo soy”, irradiación y reflejo del Yo y el Soy divinos (“Yo soy el que soy”). Con su proyección vertical, trascendente, el sentido del deber nos proyecta hacia las alturas en las que se experimenta el gozo de ser y se respira el aire puro del Eterno presente. La culminación del camino del deber es il beato esse, el ser feliz o dichoso (con el énfasis puesto en el esse, en el ser), que cantara el Dante.3

El deber imprime en nosotros una exigencia y un anhelo de ser, al tiempo que nos muestra el camino para satisfacer tal anhelo y dar cumplimiento a tal exigencia. “El hombre o ser humano es el ser que debe ante todo hacerse aquello que él es”, afirma Max Wundt en su obra Ewigkeit
und Endlichkeit (“Eternidad y finitud”). Subrayando que el ser (das Sein) y el deber o lo éticamente debido (das Soll) se condicionan recíprocamente, Wundt hace notar que “el deber está basado o fundamentado en el ser” (das Soll ist im Sein begründet), pues “es el ser mismo, que se hace imperativo o debido, lo que se realiza y consuma en el deber ético”. De ahí, apunta el filósofo alemán, que todo deber tenga como meta la perfección (die Vollendung), que es la plenitud y culminación del ser, el momento en que el ser está íntegro y completo. Lo que en el plano de lo finito y temporal se manifiesta como “la incesante inquietud [desasosiego o preocupación, Unruhe] del esfuerzo ético”, culmina en lo Eterno como “el reposo y la quietud de la consumación o perfección” (die Ruhe der Vollendung). “En la perfección refluye el deber
hacia el ser, y hacia la perfección tiende todo deber”, sentencia Wundt. 4

Conviene aclarar que Max Wundt usa el termino alemán Vollendung, el cual suele traducirse más bien como “acabamiento”, “terminación”, “cumplimiento” o “consumación”, y no la palabra Vollkommenheit, que es la que usualmente se utiliza para decir “perfección” (aunque ambas vienen a ser sinónimas). La primera es una palabra compuesta del adjetivo voll (completo, pleno o lleno) y el sustantivo Endung (término, final). Hace, por tanto, referencia a algo que se ha cumplido o que llega a su cumplimiento, a un final que es plenitud y acabamiento perfecto, el
término o final de lo bien ejecutado. Así, por ejemplo, en alemán se usa la expresión nach Vollendung des 50. Lebensjahres, cuya traducción es “cumplidos los 50 años”. Y cabe citar también la frase que Richard Wagner pone en boca de Wotan, al final de Das Rheingold (“El 3
Dante Alighieri, Paradiso, III, 79. 4
M .Wundt, Ewigkeit und Endlichkeit, Stuttgart, 1937, pp. 162 ss.
Oro del Rin), cuando el Padre y Rey de los dioses ve el castillo del Walhalla asomando en lo alto del cielo por encima de las nubes y del Arco Iris, una vez concluida su construcción por los gigantes: vollendet ist das ewige Werk, (“acabada está la obra eterna”).

Así será también nuestra vida tras haber recorrido de forma responsable, tenaz e inteligente la senda del deber: como un Walhalla majestuoso y radiante, como una obra bien acabada, como una auténtica obra de arte que irradia por su verdad, bondad y belleza. El cumplimiento del deber nos lleva en verdad a la madurez, al cumplimiento o consumación de la vida. Gracias a los deberes bien cumplidos, mi vida deviene cumplida, lograda (accomplished), completa y llena, bien formada, coronada por la armonía, la satisfacción, la paz y la plenitud que se siente tras el camino bien recorrido. Podré contemplarla satisfecho, alegre y complacido, como el artista, el arquitecto, el poeta o el músico que contempla con agrado y gozo la belleza de la obra realizada. Y lo haré dando gracias a Dios, que me ha permitido completarla y me ha ayudado a lo largo del camino para que tal cosa haya sido posible.

Aunque no exista ninguna relación entre ambas voces, llama la atención la similitud existente entre el término alemán usado por Wundt, el sustantivo Soll, con su significado de “deber” (en forma verbal: ich soll, “yo debo”), y el español Soy, al empezar ambas voces por la sonora combinación SO. Parece como si al decir “yo debo” (ich soll), fuera implícito en tal frase el “yo soy”. Y lo mismo ocurre con los equivalentes del “yo soy” en otras lenguas románicas, como el catalán jo soc, el portugués eu sou o el italiano io sono: en todos estos casos se hace
también presente la combinación de las dos letras iniciales SO que forman el vocablo germánico Soll, tan expresivo en su escueta sencillez monosilábica.

Tiene razón Wundt al vincular el deber con la perfección o consumación. El sentido del deber pide búsqueda de la perfección, aun cuando ésta sepamos que es difícil de alcanzar, dadas nuestras limitaciones, debilidades y deficiencias. Será siempre una perfección relativa la
que logremos, pero así y todo debemos ir en pos de ella, esforzarnos por realizarla. No por ser una perfección relativa será menos meritoria ni menos admirable. Lo que cuenta es sobre todo el esfuerzo, la tenacidad, la buena voluntad y el ahínco puestos en el empeño. El deber nos llama a
ser paulatinamente, pacientemente, lentamente, más perfectos y más completos, con nuestro destino y nuestro objetivo vital bien cumplidos.
La llamada que a nosotros dirige la senda del deber se concreta en el mandato evangélico “sed perfectos como vuestro Padre es perfecto”. Sed: pero sed en perfección, avanzando siempre en el camino del propio perfeccionamiento, uniendo ser y perfección. Ahondar en el ser
o serse en plenitud es perfeccionarse. Cuanto más ser, más perfección; y cuanta más perfección, más ser. No hay que olvidar que el Padre que se nos propone como norte y modelo es al mismo tiempo el Ser y la Perfección, el Ser Supremo que es por eso mismo la Suma Perfección. Cuanto más perfectos seamos, cuanto más nos aproximemos al ideal de perfección –por otra parte, siempre lejano, como meta ideal que es–, más seremos, más se afianzará nuestro ser, más participaremos en el ser auténtico, esencial e imperecedero.

Escuchar la voz del deber transforma nuestro ser y nos hace ser mejores. Lo cual ha de entenderse en un doble sentido. En primer lugar, hace que nos centremos ante todo en lo que somos, para, a partir de ahí, fijarnos en lo que hacemos y tenemos, procurando hacerlo y tenerlo todo bien, como Dios manda, de la mejor forma posible. Gracias a la voz del deber
imperiosa o persuasiva del deber, no nos tiranizan la acción ni la posesión. No nos oprimen ni el frenesí activista ni la obsesión posesiva.

Ya no estamos tan preocupados por lo que hacemos o dejamos de hacer, por lo que no podemos hacer y lo que nos gustaría hacer, por lo que nos hacen o lo que nos deberían hacer (y no nos hacen, como por ejemplo, alabarnos o agradecernos lo que hemos hecho en favor de los demás). Ni tampoco estamos obsesionados por lo que tenemos o dejamos de tener, por lo que nos gustaría poseer, por lo que hemos perdido y ya no tenemos, por lo que pasa o nos pasa, por lo que nos puedan traer las circunstancias (favorables o adversas). Nuestra atención estará puesta en hacer y tener bien las cosas, labores o tareas que son nuestras o nos
corresponden; hacerlas y tenerlas como es debido para así ser mejores, para ser como debemos ser, para crecer internamente, lo que es tanto como decir para crecer en lo que somos y nada ni nadie nos puede quitar.
En segundo lugar, la voz del deber nos enraíza en el ser, en lo que tiene auténtica realidad, en lo que permanece, en lo esencial, en lo auténtico y duradero, con lo cual nos encamina hacia lo mejor, hacia lo óptimo y lo más perfecto, hacia los más altos valores. Y esto, a su vez, no puede sino mejorarnos, elevarnos y acendrarnos, haciéndonos más sólidos, más
íntegros y enteros, más firmes en la virtud y en el bien. Por su vinculación con el Ser, hay en el deber una poderosa fuerza de permanencia, de firmeza, de solidez, de raigambre, de hondura, de estabilidad, de consistencia, de cohesión y coherencia, que no puede sino reflejarse
en el comportamiento y la manera de ser de la persona que lo ha erigido en norma de su vivir. El deber nos proyecta hacia las cumbres de nuestra realización integral.

Cuando cumplimos un deber, sea éste grande o pequeño, privado o público, interno o externo, nuestro ser crece, se afianza y fortalece. Y todavía se acrecienta más, cuando para cumplirlo tenemos que vencer obstáculos y dificultades, ya sea dentro o fuera de nosotros.
Rutilio Sermonti ha sabido expresarlo con palabras certeras: “Al igual que la acción innoble disminuye a quien la lleva a cabo, independientemente del daño que cause en el exterior (que puede también no darse), todo acto que exige una superación de la propias debilidades, una victoria interior, enriquece el ser (independientemente del bien que pueda hacer a otros)”.5

Pero, a su vez, ese ser que se afirma y afianza con la práctica del deber, a medida que se va haciendo más firme, fuerte y vigoroso, facilita el cumplimiento de los deberes, de las obligaciones, de las tareas y compromisos asumidos, pues con él crece también la fuerza de voluntad, la disciplina, la firmeza del carácter, la energía emprendedora y realizadora, el sentido del deber y de la responsabilidad.

Como indica Michele Federico Sciacca, en todo acto moralmente bueno, en todo deber cumplido, hay una conquista del ser, tanto del ser nuestro como del ser de todo aquello que nos rodea. En cualquier cosa que hagamos con afán de perfección, en cualquier acción u obra que esté bien hecha, en todo acto o gesto que se realiza tratando de hacer lo debido, se crea algo nuevo, sumamente valioso y vital, por darse en ellos una participación en el ser. Gracias a ese entronque en el ser, vamos dando forma a nuestro vivir diario y damos sentido a nuestra existencia, acota Sciacca. “Se va creando el sentido de lo cotidiano como conquista del ser de nosotros y de las cosas; he aquí la verdadera grandeza que pasa en silencio casi siempre”, afirma sagazmente el filósofo italiano.6
Lo que hay en la base del deber, lo que lo fundamenta y le da todo su valor y sentido, es, para decirlo con palabras de Helmut Kuhn, “la voluntad de Ser” (der Wille zum Sein) o, para  expresarlo de forma más exacta, la voluntad que quiere ir “hacia el Ser” (zum Sein), lo cual viene
a ser lo mismo que “el amor al Ser” (die Liebe zum Sein). Esta voluntad o amor que tiende hacia el Ser, que busca ante todo el Ser, no es –aclara Kuhn– sino “la adecuada y oportuna contrapartida positiva de aquella primordial enfermedad del ánimo” que es “la inclinación hacia la Nada” (der Hang zum Nichts).7

Este es el mensaje que habría que transmitir a quien tenga dudas o vacile en el cumplimiento de sus deberes, y en general a quien titubee en el camino de la vida: tu propio ser sale vigorizado cada vez que sales victorioso en esa lucha interior en la cual tienes que decidirte por el deber frente al placer o frente a cualquier otra tentación que de él pretenda
apartarte, que trate de apaga la voz del deber. Quizá por cumplir tu deber te veas perjudicado, pierdas dinero, un ascenso o un puesto de trabajo muy apetecible, se resienta tu fama o tu posición social (es decir, cosas que podrías tener y poseer), pero, a consecuencia de ello, eres
más de lo que antes eras: eres más hombre o mujer, eres más noble y honrado (u honrada), más digno (o digna) de respeto y admiración. En una palabra: has sido, eres y serás más tú mismo (o tú misma).

Los cantos de sirena que tratan de apartarte de tu ruta, las trabas que se interponen en tu camino, las razones o sinrazones que dentro de ti se alzan contra la voz del deber, no buscan otra cosa que aminorar tu ser, hacerte ser menos, hacerte peor y más frágil; en última instancia, empequeñecer, cercenar o destruir tu ser, para dejarte reducido a un ente inane o un pelele sin sustancia; anularte y convertirte en una nada viviente, hundirte en la insignificancia, la trivialidad y la banalidad.

05
R. Sermonti, La verità oltrre il muro delle menzogne , Roma, 1998, p. 19.
6
A. Caturelli, Metafísica de la integralidad. La filosofía de Michele F. Sciacca, Córdoba (Argentina), 1959, pp. 310 s.
7
A. Caturelli, Metafísica de la integralidad. La filosofía de Michele F. Sciacca, Córdoba (Argentina), 1959, pp. 310 s.

Ser o no ser: he aquí la alternativa ante la que nos sitúa el deber con su mandato imperativo. Esto es lo que se decide en la respuesta que demos a la llamada del deber. Ser lo que estamos llamados a ser, poniendo esfuerzo y constancia en ello, o abandonarnos, dejarnos llevar por las circunstancias y por el ambiente, renunciar a ser para entregarnos a una búsqueda frenética del poseer y disfrutar.
Ser lo que se encierra dentro de nosotros como alta posibilidad y promesa, o dejar de ser para sumirnos en una existencia fútil y anodina. Ser auténticos seres humanos, nobles y cabales, íntegros y fiables, erguidos con dignidad y honor, como columnas que se alzan
verticalmente hacia lo alto, o sumirnos en la inhumanidad, desmoronarnos y convertirnos en ruinas, en autómatas manipulados desde fuera, en muñecos rotos, en proyectos de persona truncados o abortados, en residuos y desechos de hombre.

Esto es lo más importante en nuestra vida, lo que más nos ha de preocupar: ser. No el hacer más o menos cosas, no el realizar hazañas o proezas que llamen la atención, ni tampoco el tener o poseer en abundancia bienes, propiedades, riquezas, relaciones, amistades, influencias, prestigios, conocimientos y reconocimientos, sino simplemente ser. Con todo lo que esta palabra tan simple, tan sencilla, pero al mismo tiempo tan poderosa, lleva consigo. Deberíamos actuar
ante todo sobre lo que somos, ocuparnos en nuestra propia formación y construcción personal, eligiendo bien nuestros principios y nuestras metas, para llegar así a ser lo que tenemos que ser y como tenemos que ser. Esta es la ruta que nos marca el sentido del deber.

[ Continuará en el próximo capítulo: 2. El conflicto entre ser y tener ]
FUENTE:

jueves, 23 de mayo de 2019

LA FILOSOFIA PERENNE (147)


 | 
“Yo pienso, como Dante, que en la mitad de la jornada de nuestra vida, hemos despertado en un bosque oscuro para encontrar el camino perdido”. (John Senior)
(Natalia Sanmartin Fenollera) Entre los recuerdos familiares de Andrew Senior, figuran las muchas veces que de niño oyó hablar a su padre de un tal Tomás. En el hogar de los Senior era frecuente escuchar expresiones como estas: “Tomás dice esto…”; “Tomás sostiene esto otro..”; “Habría que ver lo que dice Tomás”. Convencido de que se trataba de un amigo, un amigo sumamente inteligente y con respuestas para todo, tardó tiempo en caer en la cuenta de que aquel Tomás, el sabio compañero que citaba su padre, el venerado maestro que nunca venía de visita a casa (al menos, de forma palpable), era el Aquinate.
El respeto, la devoción y el amor de Senior por Santo Tomás se grabaron así en la memoria de sus hijos, iluminaron sus días de profesor universitario, dejaron  huella en las mentes de sus alumnos y están presentes, explícita o implícitamente, en muchas de las páginas que escribió. Ocupan un lugar muy especial también en este libro, La muerte de la cultura cristiana, publicado en 1978, y aún más en el que podríamos considerar su continuación, La restauración de la cultura cristiana, de 1983. Lejos de las listas de éxitos y de las correctas recomendaciones de lectura, seculares o eclesiales, ambas obras se han convertido en textos de culto para una resistencia terca y muchas veces silenciosa, empeñada en conservar la vieja idea de que existe un modo correcto de mirar el mundo, de que es posible contemplar y conocer la creación de Dios. Como recordaba en 1946 Frank Sheed en los primeros párrafos de su Teología y Sensatez, la única forma verdadera de mirar el universo es ver lo que la Iglesia de Cristo ve, ver lo que ha visto siempre, lo que realmente existe y es.
La lectura de Santo Tomás guió a Senior a través de su particular bosque oscuro hacia su conversión al catolicismo y vertebró también como una firme costura todo su pensamiento posterior. No es una casualidad que La muerte de la cultura cristiana, con su incómoda valentía, su brillantez y su lírica, con todo su crudo realismo y su belleza, describa minuciosamente el avance imparable de la Herejía Perenne ­–una expresión con la que se refiere a todas las doctrinas anti realistas, desde las sofocantes filosofías orientales hasta el moderno idealismo– y el progresivo arrinconamiento de la Filosofía Perenne deudora de Aristóteles y Santo Tomás.  “Sal a la luz de las cosas”, repetía Senior con frecuencia, citando un verso de Las mesas se volcaron de Wordsworth, para advertir a sus alumnos contra todos los falsos credos que ponen en duda la existencia de una realidad objetiva y la capacidad del hombre para conocerla.
Si las primeras páginas del libro se ocupan de la caída de la filosofía cristiana, las siguientes narran las múltiples derrotas que han acompañado a esa caída y que han convertido aquel Occidente, que un día manó leche y miel y acogió con generosidad la semilla evangélica, en la oscura tierra baldía que describió T. S. Eliot y que vive de espaldas a Dios. “Durante los últimos cuatrocientos años, desde el triunfo del racionalismo y el liberalismo, y ahora también del modernismo”, escribe Senior, “la persona de Cristo ha sido retirada de nuestra experiencia. Las generaciones crecen en un vacío religioso, en una atmósfera cargada, por decirlo así, con su ausencia”.
Como hizo durante los años del Seminario Pearson, cuando fascinaba a sus alumnos hablando sin notas, citando de memoria poemas y textos sagrados, pasando sin esfuerzo aparente de la literatura a la filosofía y de esta a la teología, Senior analiza en este libro cada una de esas derrotas con dolor y claridad proféticos. La irrupción del liberalismo en la religión, la corrupción de la noción de verdad, la manipulación del lenguaje, la defección de la teología, la deshumanización del arte y la literatura, el aniquilamiento del saber en las universidades, el triunfo del sentimentalismo o la destrucción y banalización de la liturgia de la Iglesia son descritos como los frutos amargos de un mundo cuyas estrellas se apagan lentamente. Un viaje en el que nos lleva de la mano de Aristóteles y de Newman, dos de los grandes pilares del libro, pero también de Sócrates, Platón, Homero, Shakespeare, Chaucer, Milton, Boecio, Ruskin, Thackeray y, finalmente, de San Bernardo, San Agustín, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús y, naturalmente, Santo Tomás, entre otros muchos.
“Señor, crea en mí un corazón puro”, pide el salmista incansablemente  al Dios de los Ejércitos. En medio del bosque tenebroso, este libro, que podría haber sido escrito ayer mismo, recuerda que la cultura cristiana es el cultivo de los santos. Y que aunque la oscuridad ha penetrado también en la Iglesia misma, ella sigue siendo el faro eternamente fijo del soneto de Shakespeare, que ve las tempestades sin jamás estremecerse. “Sin la Iglesia, aún quebrada como está, la oscuridad sería insoportable. Para quienes se hallan al borde de la desesperación, especialmente ahora, es esencial recordar que la Iglesia nunca se parece tanto a Cristo como cuando se ve herida y traicionada desde dentro”. No hay ciertamente hoy, señala Senior, ninguna razón para seguir siendo católico distinta de la que siempre existió: que en la vida invisible de la Iglesia se encuentra el amor de Cristo.
A John Senior le gustaba mucho un relato que San Beda el Venerable narra en su Historia Eclesiástica, en el que un sacerdote pagano explica al rey Edwin de Northumbria que la vida del hombre en la tierra es como el vuelo raudo de un gorrión, que sale de pronto de la noche invernal, atraviesa por un instante una estancia caldeada y acogedora mientras el viento y la nieve arrecian fuera, y se pierde otra vez en la oscuridad de la que salió. “Así que esta vida del hombre aparece por un corto espacio, pero de lo que pasó antes o de lo que va a seguir después somos completamente ignorantes”, dice el sacerdote al rey.
Y sin embargo, incluso en la oscuridad de la noche, nosotros sabemos que no es verdad. Porque los salmos nos dicen que el gorrión y la golondrina tienen un nido donde criar sus polluelos “en tus altares, oh Dios de los Ejércitos”.

lunes, 20 de mayo de 2019

CONVIVENCIA FAMILIAR (144) !!!

RECONCILIACIÓN : I INICIO CONVERSACIÓN /

 01 Antes de hablar del problema, espera hasta que no te sientas molesto. 


I  inicio de conversación

01 Antes de hablar del problema, espera hasta que no te sientas molesto. Los problemas familiares pueden ser muy dolorosos, en particular en las épocas que están centradas en la familia, como las festividades. Si tus familiares discuten, podrás evitar que la discusión se convierta en una verdadera disputa si esperas hasta que todos estén tranquilos.
  • No converses sobre el problema familiar si aún te sientes molesto o emotivo. Si esperas incluso una sola noche, es probable que la intensidad de la emoción disminuya en cierta medida, incluso si aún estás triste.
  • Esperar permite que abordes el problema de manera lógica, en lugar de hacerlo de forma emotiva. Si das un paso atrás y te tomas un tiempo para reflexionar antes de abordar el problema, no reaccionarás tanto a él.
  • Si abordas a alguien cuando estás molesto, esto elevará la intensidad en una situación que ya es complicada. No existe motivo alguno por el que no puedas esperar hasta el día siguiente para conversar, así que controla tu impulso instantáneo.
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  • I / 02 Aborda los problemas familiares en persona. Todos hemos pasado por ello; hemos enviado un mensaje o un correo electrónico que desearíamos no haber enviado. La peor opción posible es tratar de abordar una discusión o un problema familiar mediante mensajes instantáneos o correos electrónicos.
    • Esto se debe a que el tono puede percibirse de manera errada con facilidad a través de la comunicación electrónica. Podrías creer que no suenas furioso, pero la persona que reciba el mensaje podría pensar lo contrario.
    • En lugar de enviar un mensaje, llama por teléfono o, incluso mejor, acuerden encontrarse en persona. La comunicación electrónica hace que las personas pierdan el punto de referencia del lenguaje corporal, el cual puede transmitir empatía y disminuir las heridas generadas por una conversación dolorosa.
    • A través de la comunicación electrónica, las personas dicen cosas que nunca le dirían a otra persona en su cara, la cual es otra razón para evitarla.
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    • I / 03 Acepta la culpa de todos, incluida la tuya. Se dice que la sangre es más espesa que el agua, y que puedes escoger a tus amigos, pero no a tus familiares. Podrías eliminar a las personas de tu vida, pero esto podría generarte más dolor con el tiempo.El primer paso para abordar los problemas prolongados consiste en comprender que los familiares tienen defectos, pero aun así puedes amarlos.Asimismo, acepta tus propios defectos. Acepta que tienes la culpa siempre que lo merezcas. Intenta no considerar a los problemas familiares como ecuaciones de todo o nada en donde una persona está equivocada y otra (quizás tú) está en lo correcto. En lugar de ello, intenta percibir los puntos medios.Puede ser de mucha utilidad que seas la primera persona en disculparse incluso si estás convencido de que no has hecho nada malo. Di algo como “Puedo notar que estás molesto. Si bien esto también ha sido difícil para mí, quiero decirte que lo siento. En verdad quiero resolver este problema, tan solo dime en qué forma puedo hacerlo”. De esta forma, si el familiar sigue con la disputa, al menos podrás decir que has buscado una solución para el problema.
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  • I / 05 Perdona a todo familiar que te haya ofendido. Puede ser muy difícil que lo logres. Es muy complicado perdonar a una persona (familiar o no) si consideramos que nos ha ofendido. En el caso de los familiares, estos sentimientos pueden volverse incluso más profundos.
    • No obstante, el perdón se trata en esencia de liberarte del carácter corrosivo de la disputa. Para perdonar a tu familiar, tendrás que olvidarte del pasado, así podrás desarrollar un futuro más saludable que no cuente con tensión ni estrés.
    • Dile a tu familiar que lo perdonas si no ha tenido inconvenientes en admitir la culpa por lo que ha causado el problema. Dilo con empatía. Esto será de mucha utilidad.
    • Ten en cuenta que cada persona es imperfecta y requiere que la perdonen en algún momento de la vida. Esto podría incluirte a ti en algún momento.
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  • II DESCUBRIR LA CAUSA DEL PROBLEMA




    II / 01 Determina cuál es el verdadero problema. Intenta determinar qué es lo que en verdad ocurre. Quizás tengas dificultades con los problemas de salud o problemas personales que has estado ocultándoles a tus familiares. También podrías estar sufriendo por la muerte de un ser querido. Ten en cuenta cuál es el verdadero problema en cuestión, ya que esto te permitirá abordarlo mejor.
    • En este paso, podrías tener que realizar algún tipo de autoanálisis. ¿Por qué le oculto mi problema a mi familia? ¿Por qué me molesto tanto por este problema familiar? Por ejemplo, quizás tengas dificultades con los problemas económicos relacionados con la manera en la que tu madre gasta su dinero. Luego podrías percatarte de que estás preocupado porque no quieres que se quede sin recursos para mantenerse económicamente, ya que no contarás con los medios para apoyarla.
    • No asumas lo que las otras personas piensan. Tienes que conversar con ellas para descubrir qué es lo que en verdad piensan. No cuentes chismes sobre otras personas de la familia, ya que es probable que se enteren y las cosas se agraven. Concéntrate en las causas, no los síntomas.[3]
    • No obstante, un familiar de confianza (como uno de tus padres o un hermano) podría ayudarte a determinar qué es lo que en verdad ocurre; por ello, PUEDES conversar con ellos de una manera sincera y adecuada para solucionar o abordar el problema.
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  • II / 02 Haz preguntas para lograr que tu familiar se exprese. Una técnica adecuada para descubrir las causas principales de los problemas familiares consiste en hacer preguntas, en lugar de brindar afirmaciones. Las personas pueden considerar prejuiciosas a las afirmaciones, lo que hará que se pongan a la defensiva.
    • Por otra parte, si haces preguntas, esto suavizará la conversación y podrá hacer que la persona exprese lo que en verdad le molesta. Las preguntas harán que tu familiar sienta que no lo están condenando. Pídele a otro familiar que te brinde ideas para mejorar la situación.
    • Por ejemplo, imagina que últimamente tu hermana ha estado muy distante contigo y no te invita a tomar café, tal como lo hacía antes. Podrías decir algo como “He notado que ya no pasamos tanto tiempo juntos como antes. ¿A qué crees que se deba?”. Por otro lado, podrías tratar de abordar los hábitos de gasto de tu madre al decir algo como “He notado que últimamente has estado gastando más dinero en ropa. ¿Estás administrando tu dinero con responsabilidad?”.
    • Las preguntas deben ser abiertas, así harán que la otra persona tenga que elaborar su respuesta. Luego escucha con atención lo que el familiar tenga que decirte.
  • II/ 03  Mantén abierta una línea de comunicación. Muchos problemas familiares (o la mayoría de ellos) surgen cuando hay una mala comunicación.[4] Si callas a tu familiar en cuestión o te quedas callado, esto puede ser un gran problema. Es complicado solucionar un problema familiar si no se conversa. Sé la persona que hable primero, sin importar lo difícil que sea.

    • Podrías pedirle a un familiar mayor y más sensato que intervenga y organice una reunión, o que converse primero con los demás familiares, actuando así como un mediador. Tendrás que apartar tu orgullo para abrir las líneas de comunicación. Ten en cuenta que será la mejor persona quien aborde el problema primero.[5]
    • Si le haces caso omiso al problema mientras surge el resentimiento, es probable que esto solo lo empeore en el futuro, ya que las asperezas serán mayores entre ustedes. Es mejor expresar lo que sientes, pero escoge el momento y la manera adecuados para hacerlo. Por ejemplo, podría ser una mala idea mencionar un problema familiar en la mesa durante la cena de Acción de Gracias.
    • No bebas alcohol antes de tener una conversación familiar complicada. El alcohol puede avivar las emociones en muchas personas, incluso si se consume de forma moderada, y esto no suele ser lo mejor cuando intentas tener una conversación familiar difícil.
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  • II / 04  Identifica los momentos en los que se deba conversar sobre los problemas familiares. ¿En qué momento un problema familiar se ha intensificado hasta el punto de tener que abordarlo? Existen signos evidentes de los problemas familiares y de relaciones que se han salido de control y deben conversarse. Entre estos tenemos a las discusiones frecuentes; los desacuerdos; los ataques de furia; evitar a otros; excluir a algunos familiares y, en los peores casos, los conflictos físicos.[6]
    • Algunos problemas familiares pueden surgir debido a las diferencias en las opiniones, como los valores o las creencias culturales diferentes. Es probable que los padres y los niños no puedan llegar a un acuerdo en las opciones de estilo de vida y las preferencias personales o las creencias.
    • Otros problemas familiares surgen del consumo excesivo de substancias, los problemas de salud mental, el acoso, la falta de confianza, los cambios en las circunstancias familiares, los problemas económicos, el estrés, los problemas relacionados con la sexualidad y los celos.
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III ENCARGATE DEL PROBLEMA FAMILIAR /

 01 Intenta llegar a un acuerdo mutuo.



III Encargarte del problema familiar / 01 Intenta llegar a un acuerdo mutuo. Llegar a un acuerdo consiste en idear una solución que ambas personas puedan considerar adecuada incluso si ninguno obtiene exactamente lo que desea. Un mutuo acuerdo es una manera adecuada de apaciguar una pelea o abordar un problema familiar.
  • La primera medida a adoptar consiste en determinar si el problema puede solucionarse. Eso dependerá del carácter del problema, y lo que ya se haya hecho para solucionarlo. Si has hecho muchos intentos y sigues obteniendo el mismo resultado, podría ser diferente.
  • No obstante, ten en cuenta qué puntos en común tienes con la otra persona, y cuáles son los puntos en los que estarías dispuesto a ceder. Si no cedes en nada, será menos probable que progreses en la disputa.
  • Una técnica a emplear para llegar a un acuerdo mutuo consiste en que ambas personas que formen parte de la discusión se sienten y dibujen 2 círculos que guarden relación con el problema familiar. En el primer círculo, anota todo en lo que no estés dispuesto a ceder. En el otro, escribe las áreas en las que sí estés dispuesto a hacerlo. Luego, muéstrense los círculos
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III /02 Conversa con tus familiares de manera individual. Algunas familias no funcionan bien en grupo. Todos hemos estado en grupos disfuncionales que contaban con una dinámica negativa. En ocasiones, esto surge cuando todos están juntos.
  • En lugar de abordar los problemas familiares dolorosos en las reuniones por festividades o en una gran cena familiar, trata de determinar con quien surge el conflicto. Si surge entre ti y otro familiar, el resto de los familiares podrían sentirse muy incómodos al verse involucrados, ya que a nadie le agrada que lo fuercen a tomar un bando.
  • En lugar de ello, pídele al familiar en cuestión que se reúna contigo para almorzar o tomar café. Si hablas con él de manera individual en un espacio neutro, esta puede ser una manera mucho más eficaz de solucionar toda queja que tú o él puedan tener. Cuando las personas hablan de manera individual, ellas dicen lo que dudarían en decir si estuvieran en un grupo.
  • No intentes hablarle a tu familiar cuando estés distraído, trabajando en un proyecto de trabajo importante, contestando muchas llamadas telefónicas, lavando los platos o algo similar. En lugar de ello, deja todo para concentrarte en el problema y en tu familiar.
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  • III / 03 Llama a un consejo familiar



    Llama a un consejo familiar. Muchas peleas pueden resolverse con la mayor eficacia de manera individual; no obstante, puede haber ocasiones en las que tengas que reunir a toda tu familia para abordar un problema. Este método es el más eficaz si el problema afecta a toda la familia, en lugar de surgir de un conflicto interpersonal con unos cuantos familiares.
    • Por ejemplo, quizás el problema familiar guarde relación con la pérdida de un trabajo, una discapacidad o problemas de dinero. Si reúnes a la familia para concebir ideas y así solucionar el problema, esto será de utilidad para lograr que todos sientan que están haciendo algo útil.
    • Recurre al consejo familiar como la base para desarrollar una estrategia y así hacer que la familia salga delante de forma positiva. Suele ser más eficaz contar con más cerebros para abordar un problema.
    • Cerciórate de que no haya un familiar que domine la conversación, y explica que no deben enfurecerse ni ponerse apodos.
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    • III / 04 Escríbele una carta a tu familiar. La comunicación electrónica suele lucir demasiado breve e impersonal; no obstante, una carta sincera escrita a mano puede ser de mucha utilidad para abordar las situaciones complicadas.
      • Escribir a mano es eficaz porque es más personal. Esto demuestra que has sido cuidadoso y has reflexionado para escribir la carta, y luce como algo más cálido. Esto hará que los otros familiares se percaten de que intentas resolver las cosas.
      • Algunas personas se comunican mejor por escrito, pero ocultan más sus pensamientos y emociones cuando hablan en persona o por teléfono. Si eres así, podría ser mejor escribir una carta.
      • Al escribir la carta, debes explicar lo que sientes y la razón por la que deseas abordar el problema familiar. Emplea la primera persona más que la segunda, así expresarás tu punto de vista y no echarás la culpa ni hablarás por otra persona. Explica la manera en la que el problema te afecta, pero también explica la forma en la que te gustaría que se resuelva y la razón de ello.
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III / 05 Aborda un problema familiar con un niño. En ocasiones, tus hijos pueden ser la fuente de los problemas familiares, ya sea por comportarse de manera irrespetuosa, discutir con sus hermanos o no hacer sus tareas domésticas. Si el niño es muy pequeño, tendrás que afrontar el problema de una forma un poco diferente.[7]
  • Habla con el niño sobre el problema. Explícale el problema con mucha claridad. Podrías decir algo como “Hemos notado que no te despiertas con facilidad, lo que hace que llegues tarde a la escuela con mucha frecuencia. Este es un problema que tenemos que solucionar”.
  • No te comportes de manera furiosa. En lugar de ello, pídele ayuda al niño para solucionar el problema. Recomienda que el niño elabore un plan para solucionar el problema con tu ayuda.
  • Dale un refuerzo positivo al niño si progresa al tratar de solucionar el problema. Intenta descubrir los motivos reales del problema. Por ejemplo, ¿el niño tiene dificultades para despertar porque se queda en las redes sociales hasta muy tarde?
  • No tengas un hijo favorito. Indícale al niño que lo amas y que deseas solucionar el problema porque te preocupas por él y quieres que las cosas mejoren.
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  • IV OLVIDATE DE LOS PROBLEMAS FAMILIARES / 01 Fija límites.


    IV Olvidarte de los problemas familiares /
    01 Fija límites. No hay ningún problema en elaborar y establecer límites si tus familiares son tóxicos y te lastiman o provocan dramas de manera constante en tu vida. Es más, esto puede ser algo saludable.
    • La pregunta que debes hacerte es si tu familiar ha provocado cosas negativas en tu vida, como agotarte a nivel emocional, robarte dinero, menospreciarte, o realizar cualquier cantidad de malos comportamientos.
    • Tienes derecho a establecer límites para protegerte. Por ejemplo, quizás sigas viendo a tu familiar negativo en los eventos familiares, y lo tratas con respeto cuando lo haces. No obstante, quizás hayas decidido nunca visitarlo de manera individual o no prestarle dinero. Tienes derecho a hacerlo.
    • Explícale los límites a tu familiar de una manera cálida y afectuosa. No obstante, debes ser firme. Tal vez no puedas quedarte en la casa de un familiar porque siempre ocurren peleas cuando lo visitas, por lo que permaneces en un hotel cercano.
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    • IV / 02 Determina en qué momento dar un paso atrás


      02 Determina en qué momento dar un paso atrás. Existen algunos problemas familiares que simplemente no pueden solucionarse. Asimismo, algunos problemas familiares requieren tiempo para solucionarse. Podrías notar que en verdad es más saludable para ti apartar a tu familiar de tu vida por el momento, por más triste que sea admitirlo.

domingo, 19 de mayo de 2019

como ser buena abuela (143)

https://es.wikihow.com/ser-una-buena-abuela

https://es.wikihow.com/ser-un-buen-padre


https://es.wikihow.com/resolver-tus-problemas-familiares

https://www.youtube.com/watch?v=voKy_PnnDNo

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https://www.youtube.com/watch?v=voKy_PnnDNo

https://www.youtube.com/watch?v=voKy_PnnDNo

Alberto Buela Lamas : El sentido metapolítico del español


https://www.youtube.com/watch?v=JRbkmRB_FYU´

https://youtu.be/JRbkmRB_FYU

La desgracia de ser heterosexual - El progresismo a pleno

Alberto Buela y Silvio Maresca analizan las incongruencias del progresismo o desvío publicado en la revista "Perfil" por Silvio Maresca sobre "La desgracia de ser heterosexual" ante la nueva ley que otorga a los hombres vestidos de mujer un subsidio del Estado. Remarcando la denigración de los sexos.

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https://www.youtube.com/watch?v=7FjmBqu0sTI
https://www.youtube.com/watch?v=7FjmBqu0sTI

DAMIÁN GALERÓN: MASONERÍA ECLESIÁSTICA (satanismo; falsa Lucía de 


Fátima; Sant Gallo; etc...)


foto auña Pablo VI  

https://youtu.be/7FjmBqu0sTI

culto al fuego NOTRE DAME ceremonia satanica
Hermanos, con mucho esfuerzo y oración os traigo este segundo vídeo del profesor, teólogo e historiador Damián Galerón. Espero que lo disfrutéis y no os inspire temor, sino todo lo contrario: MÁXIMA CONFIANZA EN DIOS, quien lo tiene todo controlado y VENCERÁ en la BATALLA FINAL
un cafe con GALLAT

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