UR

UR

lunes, 9 de diciembre de 2019

judes V***V !!!!!!!!

https://todoestarelacionado.wordpress.com/2013/01/04/plan-asesino-judio-contra-la-humanidad-no-judia-libro-pdf-julius-streicher/

AH Y LA ELITE USA // TODO ESTÁ RELACIONADO V***V

https://todoestarelacionado.wordpress.com/2012/11/02/alberto-ruiz-gallardon-reforzando-el-nuevo-orden-mundial/

https://todoestarelacionado.wordpress.com/2012/06/21/la-farsa-del-feminismo-cuando-la-victima-es-el/


El feminismo es otra mas de las farsas y, como comprobará, es una creación sionista y por tanto judía. Observe y medite sobre lo que ha ocurrido en los últimos años por la reducción del Rol de Madre en la Mujer a un mero trámite biológico de incubación de nueve meses: el hombre necio es el más feliz, el idiota retrógrado autodefinido como “machista”, ese que se ríe a carcajadas con los chistes para imbéciles que ponen en ridículo a la mujer, especialmente en su sexualidad íntima. La mujer ha sido reducido a un mero objeto de placer decorativo, una vil mercancía, denigrada,  explotable… Una máquina para penetrar. Salvo algunos notables casos, la mujer es tratada en los medios como un bulto sexual: si le faltan tetas, ahí están las siliconas; si le sobran kilos, ahí está la liposucción. La publicidad vende millones con sus bustos, sus nalgas y su propia alma. Nada la ha sacado más de su rol natural, de su genuino sitial de lucha vital.
Ya no basta con que la mujer vista atractiva y sugerente, luciendo su belleza, resaltando su cuerpo que siempre, siempre fue de admiración y emblema de estética, inspiración de artistas. Ya no basta con ello y no volverá a bastar. Desde temprana edad, se les induce a vestir provocativas, apelando a sexualismos que no podrían pasar inadvertidos ni por las más inocentes miradas. Ya no basta con que luzca sus piernas, sino que tendrá que agregar un pedazo de glúteo saliendo del pantalón. No basta con la forma de sus senos, sino que además deberá usar transparencias para hacer visibles detalles interiores y hacerse cirugía. No basta con su cintura, sino que debe mostrarse mucho más arriba y abajo. No basta con su peso, tienen que adelgazar hasta caer en la Anorexia y/o la bulimiaSe acaba el pudor y el encanto. Se complace la vista y el deseo de esos “hombres” dominados por sus líbidos, llenos de sombras oscuras, incapaces relacionarse con el sexo opuesto sin pensar en alguna aventura sexual de por medio. La genitalización de la mujer es fomentada por esos patanes que utilizan su cuerpo no para admirarlo ni para el deleite de la contemplación, sino para vender productos comerciales o subir la audiencia de los shows televisivos… Y la expresión máxima de humillación de la imagen de la mujer: la pornografía, que se vale de la indignidad de vulgares putas para cultivar una imagen de la mujer como mercadería.
¿Dónde están las feministas cuando a diario las mujeres ven su dignidad prostituida de este modo? ¿Acaso nadie nota que aparecen sólo para reclamar los tan manoseados “derechos” que en la realidad son sólo palabras huecas, como el aborto? ¿Por qué? ¿Para qué?… Sencillo: PARA DESTRUIR A LA FAMILIA, organización básica de toda Nación, consiguiendo que la mujer se aleje por completo del hogar, de su esposo y de sus hijos. A pesar de que famosas feministas norteamericanas como Betty Friedan (llamada de soltera Betty Goldstein) y Gloria Steinem eran judías, ¿Cree usted que exageramos al vincular al feminismo con el Poder de Sión?… Si es así, lea con atención el siguiente extracto de un cínico escrito, perteneciente a Gustavo D. Perednik, periodista del HagshamáDepartamento de la Organización Sionista Mundial:
“Hace más de dos siglos, una inglesa, Mary Wollstonecraft, publicó ‘Una vindicación de los derechos de las mujeres’, en el que exigía despertar la mente reprimida de sus pares por medios educativos. Desde entonces el ideal feminista ha recorrido un sinuoso trayecto, en muchos casos protagonizado por judías de vanguardia, como Berta Pappenheim en Europa y Emma Goldman en Estados Unidos de América. En buena medida, las inspiró la tradición judía”.
Es “curioso” comprobar la similitud y relación entre el logotipo “feminista” y el ANKH egipcio.
 Sepa usted que el Talmud Babilónico considera a la mujer inferior, de hecho Betty Friedan reconoce que, mientras lideraba las protestas feministas de los años ’60, aceptaba perfectamente que en su casa su marido Carl Friedan la golpeara y la tratara con permanentes agresiones.
La organización de mujeres sionistas denominada WIZO (Women International Zionist Organization) es uno de los organismos instigadores del feminismo mal entendido como “liberación de la mujer”. WIZO va reclutando entre mujeres no judías muchas “miembros honorarias”, especialmente entre las “primeras damas influyentes” de cada nación, lo que les reporta notables influencias y poder. Prácticamente, no existe líder feminista no judía que en la actualidad no esté vinculada a la membresía honoraria del WIZO. También han conseguido gran llegada entre mujeres que han conquistado cargos públicos. Su presencia suele ser constante, aunque indirecta, en campañas en favor del aborto y de los “derechos uterinos” de la mujer.
Es curioso que este interés “feminista” venga de personas pertenecientes a una religión que , en lo fundamental, es enfermizamente restrictiva con sus mujeres, colocadas en un muy inferior segundo plano y obligándolas a ciertas prácticas de sometimiento interno en el matrimonio, como dos relaciones sexuales obligadas los domingos y cosas por el estilo. Lo que debe quedarnos claro es que el feminismo ha sido inventado por los judíos, pero PARA LOS NO JUDÍOS, ya que en su sociedad y su constitución familiar la independencia de la mujer es imposible.

En España se instauró la ley sionista (y aún vigente) llamada “Ley de Violencia de Género”

Reproductor de vídeo

ah hebreos patriarcas / direcciones versus AH/ V****V

https://todoestarelacionado.wordpress.com/2018/10/18/como-reconocer-a-los-criptohebreos-mediante-la-simbologia/
---

https://lastermitasdelcielo.wordpress.com/2015/01/08/charlie-hebdo/ V***V [310]

El Islam es una teocracia. Los progresistas europeos creen que con el paso del tiempo, se acomodarán a nuestra forma de pensar, pero el día que eso ocurra, los musulmanes dejarán de ser musulmanes. Y el apostolado musulmán no es ir por las puertas de las casas, sino que es hacer la guerra santa o yihad, predicada por Mahoma, casi desde su huída desde La Meca a Medina, hacia el 622. De los judíos ya se ha escrito bastante en estas páginas, y ahí atrás están las reflexiones de D. Pío Baroja, de Chesterton y de otros grandes. Thomas Mann manifestó que “no es que los judíos son el pueblo elegido por Dios, sino que los judíos eligieron a su Dios”. Más o menos así se expresó Schopenhauer: “Los judíos son, según dicen ellos, el pueblo escogido de Dios. Es muy posible, pero difieren los gustos, pues no son mi pueblo escogido. Quid multa? Los judíos son el pueblo elegido por su Dios y él es el Dios escogido por su pueblo: lo que a nadie le interesa sino a ellos. El buen Dios, previendo en su sabiduría que su pueblo elegido sería disperso por el mundo entero, dio a todos sus miembros un olor especial que les permitiese reconocerse y encontrarse en todas partes: es el faetus judaicus. Consideramos pues a la religión de los judíos como la más inferior entre las doctrinas religiosas de los pueblos civilizados, lo cual concuerda perfectamente con el hecho de que también es la única que, en absoluto, no tiene ninguna huella de inmortalidad”.
Sea verdad o no, por que en el Antiguo Testamento hay bastante verdad real y bastante verdad construída, el caso es que nosotros no somos como ellos. Nosotros, como dijo Jorge Mota en su última entrevista, no podemos ver el heroísmo en los atentados, en las masacres de civiles, en los niños usados como escudos humanos. Para ellos la venganza es sinónimo de justicia. En la venganza se dan la mano judíos y musulmanes, por que ahí está para la Historia el secuestro y posterior asesinado de Adolf Eichmann, llevado a cabo por el terrorismo israelí, los verdugos del Mossad.
Nosotros afortunadamente no somos como ellos. Aquí dejo un artículo de Pedro Varela en su página de Facebook, por que considero que aunque es largo, es muy importante. No le he pedido permiso, pero supongo que no le importará, por que se le da una mayor difusión. Es una disquisición sobre lo que son para nosotros los conceptos de religión, monarquía, sociedad, plan de vida y lucha personal…por que parafraseando a Hitler, el Socialismo Nacional no es una ideología de satisfacción, sino de lucha:
GÜELFISMO Y GIBELINISMO
(Extractado de la obra de Atilio Mordini, El católico Gibelino, Ed. Heracles, 1997)
En tanto se funda en una concepción metafísica de la existencia, el cristianismo debe ser la religión histórica asumida por la Orden. Es a través de aquella que, quienes la integran, se basan en un sentido que trasciende una dimensión puramente física y material. Es desde tal perspectiva que debe considerarse que, además de la mera vida por la que todos transitan, existe lo que es más que ella, la supravida, y es de reputar también que la misma, consistente en la inmortalidad, es algo que se encuentra al alcance de pocos, puesto que ella sólo se adquiere a través de una conquista heroica, hecho éste que únicamente acontece en algunos. Tal es pues la función y a meta esencial de la Orden: la conquista de la inmortalidad a través de la lucha. Por ello es que ha de hacer propia la frase evangélica de que “Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos”, entendiendo así que el Cielo es sólo para algunos y no para todos. Se parte pues de un concepto aristocrático y no democrático del cristianismo que la distingue de otras concepciones afines.
Es decir que, de acuerdo a la óptica cristiana en la que se ubica, quienes integren la Orden deben hacerlo en tanto se sientan elegidos y no tan sólo llamados.
Pero debemos señalar que, si bien es dable reputarse cristianos, tal palabra dista mucho de ser un signo identificatorio en los tiempos actuales, como tampoco lo fuera en otras épocas. Desde sus mismos comienzos, el cristianismo ha padecido dos grandes influencias en relación con el tiempo en que le tocó vivir. Uno es el influjo oriental y semítico, el que puede calificarse con el nombre de judeo-cristianismo y otro es el occidental y greco-romano, el que puede recibir el calificativo de heleno-cristianismo. Ambos se diferencian tajantemente de la misma manera que, desde los orígenes mismos de la historia de la humanidad, se contrapusieron dos formas religiosas antagónicas y por lo tanto también dos maneras distintas de relacionarse con la vida. La visión semítico-oriental, cuyo fundamento último se encuentra en el Antiguo Testamento, se caracteriza por resaltar el absoluto abismo ontológico entre el Hombre y Dios, entre la criatura y el Creador, por lo cual se establece una relación de total dependencia y subordinación del primero respecto del segundo. En la misma, el hombre permanece pasivo y todo lo debe esperar de su Creador, cuya voluntad es muchas veces caprichosa, pues salva, elige o redime de acuerdo a sus deseos y no simplemente en función de las obras realizadas por las criaturas. Tal postura de pasividad respecto del Creador se vincula con las concepciones fatalistas y panteístas de la Divinidad por las cuales el hombre pasa a ser un simple objeto de la misma, una parte de un todo que lo trasciende, siendo ello a su vez, en forma secularizada, el origen de las concepciones materialistas y comunistas en las cuales la especie o la sociedad preceden al individuo y lo determinan en su libertad. El sujeto es aquí una parte subordinada de un todo, el que puede llamarse Dios, Sociedad, Historia, o aun mera Naturaleza.
La postura opuesta es aquella que considera a lo divino, no como lo absolutamente diferente del hombre, sino como una dimensión sublimada de su misma naturaleza. El heleno-cristianismo halla su especificidad distintiva de las concepciones orientalizántes fatalistas en el hecho de que para él lo humano y lo divino no son dos naturalezas antagónicas, sino que lo divino es también lo humano plenificado. Los dioses con forma humana de la antigua religión griega encuentran vinculación estrecha con el Dios-Hombre encarnado del cristianismo. Es decir que, para el heleno-cristianismo, lo esencial del mensaje cristiano se halla en la circunstancia de haber revelado y realizado el concepto de imagen divina del hombre, al darle a éste la jerarquía de un ser en el cual puede encarnarse la naturaleza misma de Dios. Y en ello se encuentra el contraste con el judeo-cristianismo, para el cual el hombre, por naturaleza, es un ser pecador y carente, que todo lo necesita de la Divinidad, tendiendo a convertirse así en un mero títere o esclavo de ésta.
Pero el heleno-cristianismo expresó además una forma superadora del simple helenismo. Este último, tal como dijéramos, si bien había acercado lo humano con lo divino al otorgarle a éste forma de hombre, y había acrecentado así su libertad y dignidad, sin embargo había incurrido en una ilimitada y caótica multiplicidad de dioses, a través del politeísmo. Y así fue como, para poner un límite a tal situación de anarquía, en su necesidad obligada de hallar un principio de orden que todo lo rigiese, terminó él también cayendo en el fatalismo de la aceptación de la supremacía absoluta y última de un principio superior o Destino (Moira) al que todos, dioses y hombres, se encontraban irremisiblemente sometidos. Es decir, se trataba aquí de una divinidad impersonal que todo lo rige, disminuyéndose de este modo la libertad humana que antes se había enriquecido y multiplicado al haberse otorgado al hombre el carácter propio de la Divinidad.
El heleno-cristianismo ha sabido reunir en cambio, en una sabia síntesis, a los dos principios opuestos, el del Dios Uno que, en tanto concebido en soledad y omnipotencia, se convertía en una entidad tiránica que impone por doquier su voluntad en manera muchas veces arbitraria y caprichosa -lo cual fue lo típico del judaísmo y de su posterior derivación cristiana- reduciéndose así al hombre al carácter de criatura puramente sumisa y condicionada, con el del politeísmo griego antropomórfico, el cual, a pesar de rescatar la libertad, al desgajarla de un principio superior a lo humano, terminaba negándola. Así pues, entre un concepto único de divinidad y el ilimitadamente plural del helenismo, halló una magistral síntesis a través del dogma de la Trinidad, en el cual se conciliaron simultáneamente dos principios en apariencias antagónicos: el de la libertad del Hombre y el de la soberanía de la Divinidad. Es decir, que no sólo estaba el Dios -Padre-Uno, sino también el Dios-Hijo-Hombre, en una misma dignidad ontológica, y en tercer lugar, para establecer el equilibrio entre ambas, se ubicó a una tercera persona, el Espíritu Santo; dando con ello la idea de una interacción permanente entre estas dos potencias divinas simultáneamente una y diferentes.
Estas dos corrientes antagónicas del cristianismo dieron lugar a dos posturas distintas con respecto a Dios y a la existencia. Dicha temática se vio con la mayor claridad histórica en la Edad Media, época en la cual se vivió la tensión más áspera y paradigmática entre el espíritu heleno-cristiano y el semítico o judeo-cristiano. El primero tuvo su manifestación en el gibelinismo, el segundo en el güelfismo. El gibelinismo consistió en considerar que el concepto cristiano de hombre-imagen no era una simple abstracción o una realidad hallable en un futuro lejano e inasible, sino que se expresaba históricamente en la figura de un ser que, si bien poseedor de una forma humana, en verdad, en tanto expresión del Espíritu Santo, manifestaba en su forma más cabal en este mundo la fuerza del otro mundo. Éste era el Emperador o Caudillo.
En relación a la misma le correspondía a la Iglesia una función elevadísima cual era la de consagrar a dicha figura, la cual, por los dones que se le conferían, adquiría una dimensión divina de su misma equivalencia, actuando ella así de la misma manera que el Padre respecto del Hijo, dando de este modo vida y realidad concreta al dogma sagrado de la Santísima Trinidad. Se recuerda al respecto que, en la época de Carlo Magno, el Papa, tras haberlo consagrado, se prosternó ante su persona, reconociendo en él a alguien de una naturaleza superior a la meramente humana.
De esta forma, con el gibelinismo, lo divino adquiría una presencia plena y activa en el mundo, en primer término a través de un hombre que, en tanto personificación más acabada de la imagen divina, a similitud de un sol, la irradiaba y permitía así que todas las acciones sociales participasen de tal dimensión. El gobernante era reputado así pues principalmente como un pontífice, es decir, un hacedor de puentes entre este mundo y el otro mundo.
Con el güelfismo esta relación se subvierte. Dicha doctrina surge de la errada consideración de que el mero hecho de consagrar otorgaría al que lo hace, el papa, una superioridad ontológica sobre el consagrado. Tal como si, teológicamente, se considerara que el Padre, por el hecho de haberlo engendrado, tuviese superioridad respecto del Hijo.
Es así como el güelfismo significará la desacralización del poder político por el que éste pasará de ser considerado de factor de sacralidad y de elevación de lo meramente humano hacia una esfera de divinidad, al de mero ente administrativo, asegurador del “bien común”. Curiosamente vemos también cómo, a partir del triunfo de tal movimiento, el dogma de la Santísima Trinidad pasa a convertirse en una simple creencia, incomprensible en su esencia, totalmente alejado para los fieles y sin consecuencia alguna para la vida de éstos.
Tal movimiento desacralizador de lo político, operado por la Iglesia en plena Edad Media, la llevará a aquella a una lucha desaforada en contra del Imperio -al que llegó hasta a calificar como la institución del Anticristo- y será en función de ello que buscará la alianza con los sectores más bajos ajenos a su propia naturaleza, como en el caso de su apoyo a las Comunas del Norte de Italia nucleadas en la Liga Lombarda en su enfrentamiento contra el emperador Federico Barbarroja, sin contar otras uniones espúreas que hasta la llevaron a unirse con monarcas no cristianos, incluso nada menos que con el Sultán, siempre en su lucha en contra del Emperador que le disputaba la supremacía espiritual.
La alianza de la Iglesia güelfa con la burguesía, es decir, la irrupción plena y victoriosas del judeo-cristianismo, tendrá como correlato la paulatina desacralización de toda la existencia, comenzando en primer término con la del poder político. Ambas fuerzas, desde puntos de vista diferentes, coincidían en algo esencial: vaciar al mundo de cualquier contenido metafísico y trascendente, convertir a la vida en efímera, al mundo en un “valle de lágrimas” y recluir a lo absoluto en un más allá remoto del que la Iglesia se convertía de este modo en la excluyente dispensadora. Lo divino será expulsado así de este mundo y recluido en un Cielo lejano y los hombres, concebidos todos como tremendos pecadores, deberán someterse incondicionalmente a la soberanía absoluta del clero, comprendido como el intercesor excluyente ante la Divinidad, la cual, del mismo modo que el Dios Padre tiránico del judaísmo, premia o castiga de acuerdo a sus caprichos o conveniencias. De allí los extremos a los que se condujera más tarde con fenómenos tales como el de la venta de indulgencias y la consecuente rebelión protestante, la que no será otra cosa sino la extereotipación mayor del impulso judeo-cristiano dirigido hacia la desacralización del mundo y del alma humana la cual, ante los ojos de Dios, es poco menos que una “prostituta”.
Pero ello es ya un capítulo que dejaremos para otra oportunidad.
Rescatemos ahora la idea de que el catolicismo en que debe estar informada la Orden es de carácter heroico y gibelino, en tanto inserto en el dogma de la Santísima Trinidad, dogma que para la misma no debe significar una simple creencia a ser aceptada obtusamente, sino un principio viviente de redención y conquista de la inmortalidad.

https://lastermitasdelcielo.wordpress.com/2015/01/08/charlie-hebdo/