Teodoro de ALMEIDA (1722-1804): El hombre feliz: El arte de vivir contento en medio de los problemas y dificultades de la vida.
p. 17...libro I: En DIOS está la alegría perfecta
Por las amenas márgenes del caudaloso rio Dniester (entre Moldavia y Ucrania) pasean el Conde de Moravia y su hermana la Princesa Sofía. En lo alto de una montaña divisaron la figura de un anciano, de cabello blanco y venerable barba, dando cansinos golpes de azada, mientras cantaba.
Reparó Miseno (éste era nombre del viejo) en los dos pasajeros que se encaminaban hacia su cabaña, y dejando pronto la azada, bajó a recibirlos, ofreciéndose servirles en todo cuanto alcanzase su edad y triste estado
Sofía saluda a Miseno : ¡Triste estado!--dijo admirada--¿Cómo os manifestaís tan alegre y satisfecho? ¿no sois vos quien poco ha cantaba?
Miseno: Razón teneis, señora. Fue necedad de un viejo. Llamé triste a mi estado, porque así lo acostumbran llamar otros, mas digo, si en mi estado feliz puedo serviros, eso mismo aumentará mi alegría; por cuanto consuela mucho a un hombre poder hacer dichoso a otro hombre.
el Conde: No podéis tener mejor ocasión. --dijo el Conde--, mientras los dos hermanos y Miseno se acomodaban tomando asiento bajo de un emparrado a manera de un gabinete.
La Princesa Sofía refiere, ya mediada la conversación, cómo ya hace casi dos años que su cabeza ciñó la corona de Constantinopla y transcurridas veinticuatro horas la perdió.La Princesa narra que habiendo el impío Alejo III encerrado en una mazmorra a su hermano el emperador Isaac Angelo II, a quien arrancó los ojos, el hijo del emperador, Alejo IV el Mozo convocó en su auxilio a los caballeros de la cruzada, hizo huir al tirano intruso y, restituyendo al trono al ciego Isaac, su padre, a nombre suyo reinaba. Aprovechóse de esta ocasión Alejo V Ducas (llamado Murtzulfo), para sus depravados y bien ocultos intentos, y viendo en mi esposo Nicolao Canabo virtudes más dignas del trono que lo era la sangre de Alejo, persuadió a los pueblos para que pusieran la corona en la cabeza de mi esposo, a quien la sangre real le hacían merecedor de ella. En el templo de Santa Sofía proclamaron emperador a Nicolao Canabo, y subimos ambos al trono. Pero, mintiendo, Murtzulfo avisa a mi esposo que Alejo viene al frente de sus fieles tropas a arrancarle de la cabeza su vacilante corona. Cae el inocente en el lazo y cae, como Alejo, preso. Y así Murtzulfo dió muerte a Isaac Angelo y a Nicolao para apoderarse del trono. Esta trágica historia hay razones para estar triste, --dijo la Princesa--.
A lo que respondió Miseno:
p.27... Tengo por feliz a quien vive del todo contento y satisfecho; y habéis de saber que hace ya cuatro años que vivo en este estado [ desde el año 1202, hasta el año 1206, tres meses después de vivir junto al rio Dniester].
p. 31...(...). La experiencia general nos persuade que el corazón humano sólo en Dios halla sosiego [San Agustín].
el Conde: (...) Pero ¿ en dónde está esa alegría, si por todas partes nos persiguen los trabajos?
p. 35...Miseno: Si para vivir contentos fuese preciso no sufrir contratiempos, sería necesario salirse del mundo quien quisiera ser feliz; mas nos consiste en eso la verdadera felicidad del hombre.
el Conde: ¿En qué, pues, ponéis vos la felicidad?
Miseno: La pongo en lo que pertenece al alma, y no en lo que pertenece al cuerpo. El cuerpo, a la verdad, es como un vestido viejo con el que se cubre el espíritu. Los trabajos, y todo lo que está fuera de mí, como sólo me puede tocar en el cuerpo, son estocadas que no pasan de la ropa. Por eso, si el alma se sabe portar como enseña la buena filosofía (...), vive alegre y contenta, (...), no teme la muerte: no se asusta de los enemigos, e independiente de todo lo que no es el Ser supremo, queda sólidamente grande y superior a todo el mundo.
p. 37... libro II: La pasión, enemiga de la felicidad
p. 39...Ibrahin, filósofo mahometano, encargado de enseñar a los hijos de la Princesa.
p. 43... Polidoro, griego de nación, que había sido gran valido del emperador Balduino. La Princesa informa al Conde que los caballeros de la Cruzada persiguieron al infame Murtzulfo, quien huyó al Asia, atravesando el estrecho para salvar la vida. Entonces eligieron emperador de Constantinopla a Balduino, conde de Flandes; y Polidoro, hombre de gran prudencia y valor, le sirvió mucho para pacificar los pueblos. Después, habiendo sido asesinado Balduino, Polidoro abandonó Constantinopla dejando sobre el trono a Enrique, hermano de Balduino.
p. 51... Ibrahin, hombre estudioso, consumido, seco y satisfecho de sí mismo, conocedor de Epicuro, Euclides y Arquímedes, opinó que no es el lugar, sino la ocupación del hombre lo que le puede hacer feliz. Las ciencias naturales son las que le dan su felicidad al entendimiento humano; mas sólo en la entera satisfacción de las pasiones consisten las delicias de la voluntad.
p. 55... libro III: Nada ni nadie nos puede hacer felices
p. 56...Tomando asiento, Miseno habló de esta forma a la Princesa Sofía y al Conde de Moravia:
Comenzaré desde el principio la serie de mis (según las llaman) desgracias, : ya sabeis que Mieceslao III fue el tercer hijo de Boleslao III, el Invicto, soberano de Polonia. Aún se recuerda en la Silesia de como Boleslao venció al gran Enrique, emperador de Alemania. Y Mieceslao III supo triunfar repetidas veces con ánimo inmovil y constante de la desgracia importuna. Tal fue mi padre.
(...). Tal fue Mieceslao antes de subir al trono; mas (...) tres años después de empuñado el cetro le depusieron los pueblos con el pretexto de que Mieceslao no era el mismo de antes. (...). Perdió Mieceslao la batalla, y en ella a Otón, príncipe de Polonia, mi hermano el mayor, y desde ese día quedé yo heredero, no sé si de su corona o de sus infelicidades.
Yo no pude entonces resistir tantos vaivenes de la fortuna. Confuso, afligido, desesperado, tomo arco y flechas, mudo traje y nombre, y salgo incógnito por los montes y bosques de Silesia, (...). Los sítios más escondidos y tristes eran los que más apetecía: y he aquí que cierto día, bajando de un monte, vi hacia la parte de Breslau un valle donde los árboles (...) habían formado un bosque sumamente espeso.(...).
p. 60...Mas recobrada mi alma poco a poco del primer espanto, descubro en lo más retirado de la caverna (...) en caracteres bien formados (...) esta inscripción pasmosa: "Tú, Vladislao, que por mano superior serás conducido aquí, darás sepultura a mi cuerpo. y en ese libro hallarás tu premio y tu modelo. Allí estaba, muerto, el cuerpo del ermitaño, y también hallé el libro que me pertenecía por legado: se trataba de un libro cuyo héroe era el santo Job.
p. 65... Admirados quedaron la Princesa y el Conde cuando acabaron de oir a Miseno.
p. 71...Quince días pasé, continuó Miseno, viviendo solitario en los montes de Silesia, meditando, leyendo y reflexionando.
p. 79... libro IV: Confianza en la Providencia
Miseno continúa su narración:
p. 79...Tomé el camino de Zara, capital de la Dalmacia veneciana, porque sabía que aún se mantenían allí los caballeros de la Cruzada. Tenía el pensamiento de alistarme bajo las banderas de la Religión. Entré en la ciudad, declaré mi intento y los caballeros cruzados viendo en mí apariencias de valor, me trataron con cariño y estimación. Sucedió que una noche, antes de que tomase la cruz y me alistase, estando en plena asamblea, sobrevino una lluvia tan fuerte y continuada, que se prolongó la conversación más allá de lo acostumbrado.(...).Todos contaban sus infelicidades y desgracias, (...). Estaba allí un caballero francés, llamado Neuville, en cuya opinión esta fábrica del mundo venía a ser la obra más enorme y monstruosa que pudiera imaginarse. También estaba allí un caballero inglés, Grafton, hombre maduro, que había perdido la vista en la toma de Zara. Otro de los concurrentes era el famoso Dux de Venecia, y comandante de toda aquella escuadra,Enrique Dandol, que sobrepasaba los ochenta años, mas de juicio seguro y de ánimo y valor firme.
p. 96... Desde Zara atravesé toda la Dalmacia; entré por Bosnia en la Servia, en Misia, pasé a Tracia ó Rumanía, y aquí escondido por la parte del Sur con los montes de Filipolis, y por la del Norte y Oriente con las montañas Costeñas, vivía muy sosegado y contento. Yo ya había escrito al príncipe Alejo y al Dux, que por motivos particulares no me alistaba en la Cruzada.
Pero ocurrió que, paseando un día por las riberas del Mariza, he aquí que de repente me cerca una tropa de salteadores. Despojáronme de todo, y sólo me dieron un trapo viejo con que evitar la indecencia. Por suerte, caminando ví a lo lejos una casa y un viejo venerable sentado afuera de la puerta. El anciano se llamaba Polibio. Salieron después la mujer y dos hijas a rodearme enternecidas, y en un momento me vi cubierto y vestido como pastor, consolado por el fuego y regalado por los manjares que ofrecía el campo. (...). No pensaba yo que la ocupación de pastor podía dar al corazón del hombre tan hidalgos efectos. (...) Esta ocupación me fue de suma utilidad, pues en ella, ya subiendo a los montes, ya bajando a las riberas del Mariza (...) aprendí las máximas que más me han servido y servirán en esta vida para ser feliz verdaderamente. (...) ví que llaman bien a lo que es gran mal, y males a lo que no es sino grande ventura.
p. 99... libro V: La envidia y la relatividad de los bienes
p. 17...libro I: En DIOS está la alegría perfecta
Por las amenas márgenes del caudaloso rio Dniester (entre Moldavia y Ucrania) pasean el Conde de Moravia y su hermana la Princesa Sofía. En lo alto de una montaña divisaron la figura de un anciano, de cabello blanco y venerable barba, dando cansinos golpes de azada, mientras cantaba.
Reparó Miseno (éste era nombre del viejo) en los dos pasajeros que se encaminaban hacia su cabaña, y dejando pronto la azada, bajó a recibirlos, ofreciéndose servirles en todo cuanto alcanzase su edad y triste estado
Sofía saluda a Miseno : ¡Triste estado!--dijo admirada--¿Cómo os manifestaís tan alegre y satisfecho? ¿no sois vos quien poco ha cantaba?
Miseno: Razón teneis, señora. Fue necedad de un viejo. Llamé triste a mi estado, porque así lo acostumbran llamar otros, mas digo, si en mi estado feliz puedo serviros, eso mismo aumentará mi alegría; por cuanto consuela mucho a un hombre poder hacer dichoso a otro hombre.
el Conde: No podéis tener mejor ocasión. --dijo el Conde--, mientras los dos hermanos y Miseno se acomodaban tomando asiento bajo de un emparrado a manera de un gabinete.
La Princesa Sofía refiere, ya mediada la conversación, cómo ya hace casi dos años que su cabeza ciñó la corona de Constantinopla y transcurridas veinticuatro horas la perdió.La Princesa narra que habiendo el impío Alejo III encerrado en una mazmorra a su hermano el emperador Isaac Angelo II, a quien arrancó los ojos, el hijo del emperador, Alejo IV el Mozo convocó en su auxilio a los caballeros de la cruzada, hizo huir al tirano intruso y, restituyendo al trono al ciego Isaac, su padre, a nombre suyo reinaba. Aprovechóse de esta ocasión Alejo V Ducas (llamado Murtzulfo), para sus depravados y bien ocultos intentos, y viendo en mi esposo Nicolao Canabo virtudes más dignas del trono que lo era la sangre de Alejo, persuadió a los pueblos para que pusieran la corona en la cabeza de mi esposo, a quien la sangre real le hacían merecedor de ella. En el templo de Santa Sofía proclamaron emperador a Nicolao Canabo, y subimos ambos al trono. Pero, mintiendo, Murtzulfo avisa a mi esposo que Alejo viene al frente de sus fieles tropas a arrancarle de la cabeza su vacilante corona. Cae el inocente en el lazo y cae, como Alejo, preso. Y así Murtzulfo dió muerte a Isaac Angelo y a Nicolao para apoderarse del trono. Esta trágica historia hay razones para estar triste, --dijo la Princesa--.
A lo que respondió Miseno:
p.27... Tengo por feliz a quien vive del todo contento y satisfecho; y habéis de saber que hace ya cuatro años que vivo en este estado [ desde el año 1202, hasta el año 1206, tres meses después de vivir junto al rio Dniester].
p. 31...(...). La experiencia general nos persuade que el corazón humano sólo en Dios halla sosiego [San Agustín].
el Conde: (...) Pero ¿ en dónde está esa alegría, si por todas partes nos persiguen los trabajos?
p. 35...Miseno: Si para vivir contentos fuese preciso no sufrir contratiempos, sería necesario salirse del mundo quien quisiera ser feliz; mas nos consiste en eso la verdadera felicidad del hombre.
el Conde: ¿En qué, pues, ponéis vos la felicidad?
Miseno: La pongo en lo que pertenece al alma, y no en lo que pertenece al cuerpo. El cuerpo, a la verdad, es como un vestido viejo con el que se cubre el espíritu. Los trabajos, y todo lo que está fuera de mí, como sólo me puede tocar en el cuerpo, son estocadas que no pasan de la ropa. Por eso, si el alma se sabe portar como enseña la buena filosofía (...), vive alegre y contenta, (...), no teme la muerte: no se asusta de los enemigos, e independiente de todo lo que no es el Ser supremo, queda sólidamente grande y superior a todo el mundo.
p. 37... libro II: La pasión, enemiga de la felicidad
p. 39...Ibrahin, filósofo mahometano, encargado de enseñar a los hijos de la Princesa.
p. 43... Polidoro, griego de nación, que había sido gran valido del emperador Balduino. La Princesa informa al Conde que los caballeros de la Cruzada persiguieron al infame Murtzulfo, quien huyó al Asia, atravesando el estrecho para salvar la vida. Entonces eligieron emperador de Constantinopla a Balduino, conde de Flandes; y Polidoro, hombre de gran prudencia y valor, le sirvió mucho para pacificar los pueblos. Después, habiendo sido asesinado Balduino, Polidoro abandonó Constantinopla dejando sobre el trono a Enrique, hermano de Balduino.
p. 51... Ibrahin, hombre estudioso, consumido, seco y satisfecho de sí mismo, conocedor de Epicuro, Euclides y Arquímedes, opinó que no es el lugar, sino la ocupación del hombre lo que le puede hacer feliz. Las ciencias naturales son las que le dan su felicidad al entendimiento humano; mas sólo en la entera satisfacción de las pasiones consisten las delicias de la voluntad.
p. 55... libro III: Nada ni nadie nos puede hacer felices
p. 56...Tomando asiento, Miseno habló de esta forma a la Princesa Sofía y al Conde de Moravia:
Comenzaré desde el principio la serie de mis (según las llaman) desgracias, : ya sabeis que Mieceslao III fue el tercer hijo de Boleslao III, el Invicto, soberano de Polonia. Aún se recuerda en la Silesia de como Boleslao venció al gran Enrique, emperador de Alemania. Y Mieceslao III supo triunfar repetidas veces con ánimo inmovil y constante de la desgracia importuna. Tal fue mi padre.
(...). Tal fue Mieceslao antes de subir al trono; mas (...) tres años después de empuñado el cetro le depusieron los pueblos con el pretexto de que Mieceslao no era el mismo de antes. (...). Perdió Mieceslao la batalla, y en ella a Otón, príncipe de Polonia, mi hermano el mayor, y desde ese día quedé yo heredero, no sé si de su corona o de sus infelicidades.
Yo no pude entonces resistir tantos vaivenes de la fortuna. Confuso, afligido, desesperado, tomo arco y flechas, mudo traje y nombre, y salgo incógnito por los montes y bosques de Silesia, (...). Los sítios más escondidos y tristes eran los que más apetecía: y he aquí que cierto día, bajando de un monte, vi hacia la parte de Breslau un valle donde los árboles (...) habían formado un bosque sumamente espeso.(...).
p. 60...Mas recobrada mi alma poco a poco del primer espanto, descubro en lo más retirado de la caverna (...) en caracteres bien formados (...) esta inscripción pasmosa: "Tú, Vladislao, que por mano superior serás conducido aquí, darás sepultura a mi cuerpo. y en ese libro hallarás tu premio y tu modelo. Allí estaba, muerto, el cuerpo del ermitaño, y también hallé el libro que me pertenecía por legado: se trataba de un libro cuyo héroe era el santo Job.
p. 65... Admirados quedaron la Princesa y el Conde cuando acabaron de oir a Miseno.
p. 71...Quince días pasé, continuó Miseno, viviendo solitario en los montes de Silesia, meditando, leyendo y reflexionando.
p. 79... libro IV: Confianza en la Providencia
Miseno continúa su narración:
p. 79...Tomé el camino de Zara, capital de la Dalmacia veneciana, porque sabía que aún se mantenían allí los caballeros de la Cruzada. Tenía el pensamiento de alistarme bajo las banderas de la Religión. Entré en la ciudad, declaré mi intento y los caballeros cruzados viendo en mí apariencias de valor, me trataron con cariño y estimación. Sucedió que una noche, antes de que tomase la cruz y me alistase, estando en plena asamblea, sobrevino una lluvia tan fuerte y continuada, que se prolongó la conversación más allá de lo acostumbrado.(...).Todos contaban sus infelicidades y desgracias, (...). Estaba allí un caballero francés, llamado Neuville, en cuya opinión esta fábrica del mundo venía a ser la obra más enorme y monstruosa que pudiera imaginarse. También estaba allí un caballero inglés, Grafton, hombre maduro, que había perdido la vista en la toma de Zara. Otro de los concurrentes era el famoso Dux de Venecia, y comandante de toda aquella escuadra,Enrique Dandol, que sobrepasaba los ochenta años, mas de juicio seguro y de ánimo y valor firme.
p. 96... Desde Zara atravesé toda la Dalmacia; entré por Bosnia en la Servia, en Misia, pasé a Tracia ó Rumanía, y aquí escondido por la parte del Sur con los montes de Filipolis, y por la del Norte y Oriente con las montañas Costeñas, vivía muy sosegado y contento. Yo ya había escrito al príncipe Alejo y al Dux, que por motivos particulares no me alistaba en la Cruzada.
Pero ocurrió que, paseando un día por las riberas del Mariza, he aquí que de repente me cerca una tropa de salteadores. Despojáronme de todo, y sólo me dieron un trapo viejo con que evitar la indecencia. Por suerte, caminando ví a lo lejos una casa y un viejo venerable sentado afuera de la puerta. El anciano se llamaba Polibio. Salieron después la mujer y dos hijas a rodearme enternecidas, y en un momento me vi cubierto y vestido como pastor, consolado por el fuego y regalado por los manjares que ofrecía el campo. (...). No pensaba yo que la ocupación de pastor podía dar al corazón del hombre tan hidalgos efectos. (...) Esta ocupación me fue de suma utilidad, pues en ella, ya subiendo a los montes, ya bajando a las riberas del Mariza (...) aprendí las máximas que más me han servido y servirán en esta vida para ser feliz verdaderamente. (...) ví que llaman bien a lo que es gran mal, y males a lo que no es sino grande ventura.
p. 99... libro V: La envidia y la relatividad de los bienes