MARCO AURELIO (pág
123…hasta pág. 134)
5 ENERO 2016 JUEVES
LIBRO I: pág 125 (Ejemplos
de virtudes recibidas):
De mi abuelo VERO:
Su bondad y su humor…
De mi padre:
Su piedad…. Su vida sencilla…
De mi bisabuelo:
…la influencia de los mejores maestros…
De mi preceptor:
…la frugalidad… y no
prestar oídos a la calumnia.
De Diognetes:
…la aversión a las futalidades; el soportar las opiniones
sinceras…; el haberme familiarizado con la filosofía…
De Rústico (filósofo estoico, consejero y amigo del emperador
MA):
…el no haberme aficionado a la vana sofística…
…el haber podido leer …las lecciones de Epícteto…
De Apolonio:
…la independencia; el
decidirme a obrar sin vacilaciones…; el ser siempre dueño de sí y el mismo…;
el haber aprendido a ser paciente…
De Sexto de Queronea (estoico, sobrino de Plutarco):
…la benevolencia…; la
gravedad exenta de afectación;
…el no haber manifestado jamás cólera…; muy por el contrario,
evidenciar siempre un carácter tan tranquilo como afectuoso…
De Alejandro el gramático: no criticar a nadie;
De Frontón (el retórico, amigo de M..):
…el haber observado…
la envidia. El disimulo y duplicidad de los tiranos…
De Alejandro, el Platónico:
…no eludir con demasiada persistencia los deberes que imponen
las relaciones sociales…
De Cinna Cátulo, estoico:
…a no decir sino bien de quienes nos enseñan…
De Claudio Severo,
peripatético, cónsul el año 146:
…a amar al prójimo, a
todo lo verdadero y a todo lo bueno; … a rendir culto constante a la filosofía;
la beneficencia y la libertad llevada al más alto grado;
De Claudio Máximo, estoico, cónsul… y procónsul:
…el dominio de sí mismo y el no dejarse arrastrar por ninguna
clase de impulsos…; el no asustarse ni asombrarse jamás; …la lealtad; el dar la
idea de siempre de un hombre justo y sincero, sin doblez; en fin, aquella su
manera e ser que evidenciaba que a nadie miraba con menosprecio ni
superioridad…
De mi padre (su tío Antonino, por alianza y su padre
adoptivo):
…la mansedumbre, pero también la firmeza en sus decisiones
una vez adoptadas tras madura reflexión;
…el amor y la perseverancia en el trabajo; … el otorgar
franca e inflexiblemente a cada uno lo que era debido por sus merecimientos;…la
incesante vigilancia y cuidado de los intereses del imperio; … nada de
supersticiosos temores respecto a los dioses;… sobriedad y rectitud en todo y
siempre,… . Era, además, cortés y amable sin exageración; … Jamás se le vio
encolerizado, violento ni enfurruñado; …
De los dioses:
Haber tenido buenos abuelos, un buen padre y una buena madre,
una buena hermana, buenos maestros y buenos familiares, y parientes, y amigos
casi todos buenos asimismo;… No menos les debo: …el haber conservado la
inocencia hasta bien entrada la juventud; el no haber hecho prematuramente
ningún acto de virilidad; …el no haber tenido hijos torpes ni contrahechos; …
el haber conocido a Apolonio, a Rústico y a Máximo; el haber comprendido …lo
que es la vida conforme a la naturaleza, de tal modo, que el que no viviese de
acuerdo con ella no dependería en modo de los dioses, de sus comunicaciones,
inspiraciones y socorros, sino de mi propia culpa por no tener en cuenta
precisamente sus advertencias, es decir, sus lecciones; la resistencia
extraordinaria de mi cuerpo, no obstante mi trabajosa vida; … el haberme desposado
a una mujer tan obediente, amante y sencilla (Faustina, hija de Antonino, de la
que ciertos historiadores han hablado mucho y no para bien.); el no haber caído
en manos de los sofistas cuando me aficioné a la filosofía…
Forzosamente, tanta ventura me fue concedida por los
bondadosísimos dioses y por la Fortuna.
Esto lo escribo en el país de los Cuados, al borde del Gran
(Los Cuados ó Cuades, pueblo germánico de origen suevo.
El Gran, rio afluente del Danubio. Marco Aurelio tuvo que
contener a los Cuados que se habían instalado al oeste del citado rio.
Pág. 134
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LIBRO II (pág. 135)
1.- Apenas amanezca piensa todos los días: Hoy me encontraré
con un indiscreto, un ingrato, un insolente, un embustero, un envidioso, un
egoísta. Estos desgraciados tienen estos defectos porque no conocen los
verdaderos bienes y los verdaderos males.
Pero yo, habiendo aprendido que
el bien verdadero está en lo que es honesto y el mal verdadero está en lo
vergonzoso; yo, que conozco la naturaleza de quien comete la falta, quien es mi
hermano, no de sangre y de carne, sino por la común participación en el mismo
espíritu emanado de Dios, no puedo considerarme ofendido por su parte, ya que
nada de cuanto hago podría avergonzarme. En efecto, si nadie puede despojar a
mi alma de su honradez, es imposible que yo llegue a enfadarme con un hermano y
que yo pueda odiarle. Ambos hemos sido hechos para obrar en común acuerdo, como
los pies, las manos, los párpados;… Obraríamos, pues, contra la naturaleza
siendo enemigos; y obraríamos como tales
enemigos manifestando disgusto y aversión con estos desdichados.
2.- Todo lo que constituye mi ser no es más que un poco de
carne con un aliento de vida y dotado de la facultad de pensar.
Abandona tus libros,
suprime las distracciones, nada de eso te está permitido, y pensando que eres
perecedero, desprecia esta carne, montón de sangre y huesos… Considera también
lo que es tu respiración: aire, sólo aire, siempre distinto, aspirado y espirado continuamente, sin cesar…
Sólo queda, pues, la parte principal, la que piensa.
Ahora bien, habla contigo mismo: eres viejo; no tengas a esta
facultad maestra por más tiempo en la esclavitud y no consientas que sea
sacudida como un muñeco por deseos incompatibles con el bien de la sociedad. No
te quejes de tu suerte presente ni temas la suerte futura.
3.- Las obras de los dioses están llenas de Providencia; las
obras de la Fortuna dependen de la naturaleza, es decir, del enlace y del
encadenamiento de las causas que rige la Providencia. La Providencia es, pues,
el origen de todo, y todo lo que ocurre es necesario por cuanto contribuye al
orden perfecto de este universo, del cual formas parte. Todo lo que entra en
los planes de la naturaleza y que tiende a conservarla en buen estado es bueno
para cada una de sus partes integrantes; luego la buena marcha del mundo
depende tanto de las múltiples variaciones de los elementos como del cambio de
los seres que lo constituyen. Ten presente esto, y que los dioses quieran que
estas verdades te sirvan de norma. Abandona esos libros que lees con tanta
avidez, mira que vas a maldecir la
muerte algún día en vez de recibirla con alma tranquila y bendiciendo a los
dioses de todo corazón.
4.- (…). Es necesario, pues, que recapacites que hay un
mundo, del cual formas parte, y que este universo se halla regido por un Ser
supremo, cuya esencia se refleja en tu espíritu, y que tu vida está
estrechamente circunscrita al tiempo. Luego, si no le aprovechas para buscar la tranquilidad de tu alma,
desaparecerá contigo y ya no podrás
conseguirlo.
5.- A cualquier hora del día y en todas las ocasiones procura
conducirte como un buen ciudadano romano, sin afectar importancia, con amor
hacia tus semejantes, con libertad y, en fin, con justicia, y procura librarte
de las demás preocupaciones. Y seguramente lo conseguirás si cumples cada acto
de tu vida como si fuese el último de tu existencia, es decir, sin
precipitación, sin pasión alguna que te impida escuchar la razón; sin
hipocresía, sin amor propio y sin indignación contra el destino. No son muchos preceptos; pero el que los
observe, puede estar seguro de llevar una vida dichosa, próspera y acorde con
la divinidad. Porque realmente esto es lo único que exigen los dioses.
6.- Avergüénzate, ¡oh alma mía!, avergüénzate. Ya no tendrás
tiempo de honrarte. La vida del hombre es corta; la tuya casi ha pasado, y no
solamente no te honras todavía, sino que fundas tu felicidad en lo que pasa en
el alma de los demás.
7.- ¡No te dejes embargar demasiado por los incidentes
exteriores! Abandona, pues, la vida febril de cuando en cuando y dedica tus
momentos de ocio a instruirte en algo bueno. (…).
8.- Por no prestar atención a lo que sucedía en el alma
de otro hombre no es fácil ser desdichado; pero forzosamente tienen que ser
desgraciados los hombres que nunca han
estudiado los movimientos de su propia alma.
9.- He aquí las reflexiones que continuamente debes hacerte:
¿Cuál es la naturaleza del universo y cuál es la mía? ¿Qué relación hay entre
ambas naturalezas? ¿Qué parte soy yo del universo y qué es éste? Y medita que
nadie puede impedirte obrar y hablar de acuerdo con la naturaleza, de la cual
formas parte.
10.- Al comparar, según las nociones comunes, los diversos pecados, Teofrasto, como buen
filósofo, dice que las faltas cometidas por concupiscencia son más graves que las originadas por la
cólera. En efecto, el hombre dominado por la cólera experimenta evidentemente determinada
angustia y una pena que le aprieta el corazón cuando brutal y ciegamente se
aparta de la razón. Por el contrario, el hombre que peca por concupiscencia, es
decir, vencido por la voluptuosidad, se demuestra más cobarde y afeminado. Con
razón ha dicho el filósofo Teofrasto que
el crimen cometido con una sensación de
placer es más execrable que el que se comete con un sentimiento de dolor. Es
decir, el que se encoleriza lo hace a la fuerza y casi obligado por el dolor de
una ofensa que ha recibido, en tanto que el que siente placer se rebaja
voluntariamente a satisfacer su concupiscencia.
11.- Obra, habla y piensa siempre como si estuvieras a punto
de salir de esta vida temporal. Desaparecer de entre los hombres no es, en
verdad, terrible; si existen los dioses, éstos no serían capaces de hacerte de
nuevo desgraciado; y, si no existen, ó si no se preocupan de los hombres, ¿para
qué vivir en un mundo sin dioses ni Providencia? Pero sí; hay dioses que se
cuidan de las cosas humanas y que han dado al hombre todo lo que necesita para
que no caiga en el mal irremediablemente. (…).
Luego, la muerte y la vida, la gloria y la obscuridad, el
dolor y el placer, la riqueza y la indigencia, son cosas que por naturaleza no
son honestas ni deshonestas, y participan de ellas sin distinción los justos y
los pecadores. Por tanto, no son verdaderos bienes ni verdaderos males.
12.- ¡Cuán presto se desvanece todo; en el mundo nuestros
cuerpos y en el tiempo los recuerdos!
Del mismo modo se desvanecen todos los objetos que
distraen nuestros sentidos y aún más los
que nos ceban con el pasto del placer, nos aterrorizan con la idea del dolor o
nos adulan nuestra vanidad. (…).
¿Qué es la muerte? Si se la considera por sí misma, es decir,
separando con el pensamiento lo que atañe la imaginación, se verá en ella
únicamente la obra de la naturaleza. Luego sería harto pueril atemorizarse por
un efecto natural. Digo más. No es solamente la obra de la naturaleza, sino
sumamente útil. Lo esencial es saber qué tiene el hombre de Dios, por cuál de
sus partes y cómo está dispuesta esta parte.
13.- El hombre que va
de un lado a otro, que escudriña y trata
de adivinar lo que sucede en el interior de otro hombre es digno de compasión.
No se da cuenta de que podría bastarse a su felicidad siendo constante con el
genio que reside en sí mismo y consagrándole un culto sincero. Este culto
consiste en preservarle de las pasiones, de la irreflexión, de toda vanidad y
de impaciencia para todo aquello que proviene de los dioses y de los hombres,
porque lo que proviene de los dioses es respetable, por su virtud y supremacía,
y lo que proviene de los hombres también es respetable y debe sernos querido,
pues los hombres son nuestros hermanos. No obstante, algunas veces debemos
compadecernos de los hombres por lar la ignorancia en que se hallan de los
verdaderos bienes y de los verdaderos males. (…).
14.- (…) no olvides jamás
que nadie pierde más vida que la que tiene ni disfruta otra vida
diferente de la que pierde. Así, pues, la vida más larga y la más corta
resultan lo mismo. El presente es de igual duración para todos y lo que se
pierde es también igual y, en definitiva,
de ninguna importancia. En cambio, no podríamos perder ni el pasado ni lo
venidero, porque ¿acaso se le puede arrebatar a uno lo que no tiene? Acuérdate
de estas dos verdades: la primera, que todo exteriormente es de idéntico
aspecto, que pasa por los mismos ciclos y que es indiferente ver el mismo
espectáculo durante un siglo o dos que por toda la eternidad; la segunda, que
el que muere muy joven pierde igual que quien ha vivido muchos años. Ambos
pierden sólo el instante presente, que es lo único que poseen, puesto que no
podrían perder lo que no tienen.
15.- “Que todo es
opinión” es un fragmento de texto de
Menandro.
16.- El alma del hombre se deshonra a sí misma cuando produce
en la sociedad los mismos efectos que un tumor en el cuerpo humano, es decir,
que se vuelve una partícula molesta en el organismo de la naturaleza.
En efecto, el alma humana se deshonra, en primer lugar, al enfadarse
contra los acontecimientos, lo que es
como una deserción respecto a la naturaleza, de la que forman parte las
naturalezas de los demás seres que la integran. Y en segundo lugar, se deshonra
cuando el alma humana tiene aversión por otro individuo o lo maltrata, como
sucede cuando se encoleriza. También se deshonra cuando se deja vencer por el
placer o el dolor; cuando emplea la hipocresía, el disimulo y el embuste en sus
actos y palabras, y finalmente, se deshonra cuando no dirige hacia un objeto
determinado su conducta y sus esfuerzos, haciendo todo sin cuidado ni orden,
siendo así que hasta las cosas más insignificantes deben conducir al mismo fin.
Luego el fin de los seres racionales está en conformarse a la razón y a las
leyes del universo, que es el estado más antiguo y el mejor legislador.
17.- La duración de la vida del hombre es como un punto en el
espacio. Su substancia es variable. Sus sensaciones, obscuras. Su cuerpo,
putrefacción. Su alma, un torbellino.
Su destino, un enigma. Su reputación, dudosa. En una palabra,
todo lo que proviene de su cuerpo es como un torrente, y lo que dimana de su
alma, como un sueño, como el humo. Su vida es un combate perpetuo, un destierro
en suelo extranjero; su fama después de la muerte, un olvido absoluto. Por
consiguiente, lo único que puede guiarnos en este mundo es la filosofía. La
cual consiste en velar por el genio que reside en nuestro interior, de suerte
que no reciba ni afrentas ni heridas, que no se deje arrastrar por los placeres
ni por los dolores, que no haga nada a la ventura, que no emplee los embustes
ni la hipocresía, que no cuente nunca con lo que otro haga o deje de hacer, que
acepte todo lo que suceda o que le corresponda como procedente de su mismo
origen y, en fin, que aguarde la muerte con paciencia y no viendo en ella sino
la disolución de los elementos que constituyen el organismo de todo ser
viviente. Si estos elementos no sufren daño alguno al transformarse
perpetuamente de un estado a otro, entonces la muerte no debería inspirarnos
desconfianza y temor. Todo esto se halla regido por la naturaleza; luego no hay
ningún peligro. Esto ha sido escrito en Carnunta (*).
(*): (ó Carnuta, puesto militar de la Panonia, en la ribera
derecha del Danubio, residencia habitual de Marco Aurelio durante la campaña de
los años 170 a 174.)
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LIBRO III
1.- No se debe
considerar únicamente que cada día que pasa abrevia la vida (…); no, es preciso
pensar que si se llega a una edad madura (…), no es probable que se conserve la
misma claridad de reflexión para los negocios y para entregarse a un detallado
estudio de las cosas divinas y humanas. (…).
2.- (…). Así pues, todo individuo que tenga un alma sensible
y una inteligencia capaz de discernir con claridad, no verá en todo lo que
existe en el mundo nada que sea desagradable a su vista desde el momento en que
se halla ligado de algún modo al conjunto de las cosas. (…). Hasta en una mujer
anciana o en un viejo, su ojo experto verá la madurez, el ocaso de la vida; y
sus miradas no estarán impregnadas de lascivia en la contemplación de los
encantos de la juventud. (…).
3.- Hipócrates, después de haber curado a muchos enfermos,
cayó a su vez enfermo y murió. (…). Alejandro, Pompeyo y César, (…) abandonaron
asimismo este mundo. (…). ¿Qué se deduce de esto? Te embarcaste, has navegado y
llegaste hasta el final del viaje, pues sal del barco: si es para otra vida,
todo en ella estará lleno de la divinidad, los dioses están allí; si, por el
contrario, es para entrar en el reino de la insensibilidad, dejarás de estar
expuesto a los dolores y a los placeres y de hallarte ligado a ese cuerpo, que
no es ni siquiera el limo del ser que encierra y a quien obedece: porque este
es un espíritu, una divinidad, mientras que los demás sólo es una mezcla vil de sangre impura y polvo.
4.- El corto espacio de tiempo que te queda por vivir no lo
malgastes en pensar en los asuntos de otro, al menos que éstos sean un bien para la sociedad. (…). Es preciso
excluir del orden de nuestros pensamientos todo aquello que pueda tener un
objeto frívolo y vano, y con mayor motivo lo que sólo sea efecto de la inquieta
curiosidad o de una maldad habitual. Acostúmbrate, pues, a pensar tan noble y
rectamente (…) de tal suerte, que (…) se viera en seguida que tu alma está
llena de sencillez, de bondad, que es digna de un ser destinado a vivir con sus
semejantes, de un ser indiferente a los placeres y, en general, a todo lo que
halaga los sentidos, exento de odio, de envidia, de rastrera desconfianza (…).
El hombre que es de esta manera, que en todo momento se esfuerza en
rivalizar con los más virtuosos, puede ser considerado como un sacerdote o un
ministro de los dioses; puesto que se consagra al culto del ser que reside en
su corazón, de ese dios que le preserva de las mancillas de la voluptuosidad,
de las heridas del dolor y de los ataques de la injuria, que le vuelve
insensible a la maldad de otro, que hace de él un atleta en el más noble de los
combates, que le pone al abrigo de todas las pasiones, le concede un
temperamento de justicia, le permite acoger benévolamente los acontecimientos y
conformarse con todo aquello que el destino le depara, sin preocuparse nunca de
lo que otro dice o piensa, no siendo esto de absoluta necesidad al interés
público. Un hombre así sólo se ocupa de lo que debe hacer por sí mismo y no
pierde nunca de vista la parte que le ha correspondido en este mundo; (…).
5.- No hagas nada de mala gana, ni que sea perjudicial a la
sociedad, ni sin maduro examen, ni por espíritu de contradicción. (…). Procura
hablar poco y no emprendas a la vez muchos negocios. Además, que el dios que
llevas contigo reine en un ser verdaderamente hombre, digno de respeto y
cuidadoso del bien de sus conciudadanos, (…).
6.- Si encuentras algo
en la vida humana que valga más que la justicia, la verdad, la templanza, el
valor o, mejor aún, más que la virtud de un alma que se basta a sí misma en las
circunstancias en que está permitido obrar según la recta razón y que se confía
al destino en todo aquello que no depende de ella; si acaso encuentras algo
preferible, vuelvo a decir, dirige hacia este objeto todas las potencias de tu
alma y entra en posesión de tan precioso hallazgo.
Pero si, por el contrario, no ves nada más excelente que el
propio genio divino que reside en tu interior (…); si todo lo demás te parece
vil e insignificante en comparación de este genio, deséchalo, (…).
Elige, pues, con franqueza y como hombre libre el bien
superior (…).
7.- Guárdate muy bien de considerar como de un interés
capital todo aquello que pueda obligarte algún día violar la fe jurada, a
carecer de pudor. A odiar a alguien, sospecharle o maldecirle, a obrar con
disimulo (…). El hombre que ante todo se ocupa de su alma, de ese genio divino
que le ilumina y al cual rinde justo homenaje debido a su poder, no representa
seguramente un papel ridículo ni lanza estériles exclamaciones. (…). Y
dichosamente vivirá sin buscar
ávidamente nada, pero también sin huir de las cosas. (…).
8.- En el espíritu del hombre que ha sabido corregirse y
purificarse rigurosamente no podrás
nunca descubrir ninguna huella de corrupción, (…). No se verá jamás sorprendido
por la muerte antes de haber terminado por completo su vida, (…). Tampoco verás
en él ni rastrería, ni afectación, ni violencia, ni despropósito, (…).
9.- (…). El punto esencial estriba en no admitir ninguna
opinión contraria al orden general del mundo o a la naturaleza de un ser
racional. Esta prescribe la ausencia de precipitación en nuestro raciocinio, el
amor a la humanidad, la obediencia a los dioses.
10.- (…). No olvides tampoco que la vida se limita para cada
uno de nosotros al tiempo presente, que sólo es un fugar intervalo; el resto de
la existencia no existe, es incierto. (…).
11.- (…). He aquí por qué ante cualquier acontecimiento es
necesario decir: esto me viene de Dios; eso otro es una consecuencia necesaria
del sistema general, de la relación y concordancia de todas las cosas, cuyo
resultado es esta coincidencia fortuita; aquello proviene de mi conciudadano,
de mi pariente, (…).
12.- Si cumples tu cometido en el presente según la recta
razón, con cuidado, persistencia, alegría y serenidad, sin distraerte en nada
extraño; si conservas constantemente puro el genio divino que te anima (…); si
unes a estas excelencias el no verte atormentado por el deseo o por el temor;
si te limitas a hacer lo que haces conforme a la naturaleza de tu ser y decir
sencillamente la verdad en todos tus discursos y en todas tus palabras, vivirás
feliz. Y ciertamente que nadie puede impedirte que te conduzcas de este modo.
13.- (…) procura
asimismo estar animado de los principios necesarios que te den a conocer tus
deberes para con los dioses y para con los hombres (…).
14.- (…) Apresúrate, pues, a ir derecho al fin que te
propones; desecha las esperanzas frívolas (…).
15.-
16.- Cuerpo, alma sensitiva,
inteligencia. Al cuerpo, sensaciones; al alma sensitiva, pasiones; a la inteligencia, principios. (…), la única
virtud que le queda al hombre de bien como propia es la de aceptar y
conformarse con todo lo que le sucede por estar urdido, por decirlo así, con la
trama de sus días; no ultrajar nunca al genio divino que reside en su corazón;
impedir que sea atormentado por las múltiples quimeras de la imaginación y, en
fin, conservar su beneplácito rindiéndole
modesto homenaje como a un dios, sin decir jamás ninguna palabra que no
sea verdad ni hacer nunca nada que no sea justo. (…).
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LIBRO IV
1.- Cuando el genio que mora en nuestro interior ordena y
manda de acuerdo con la naturaleza, toma frente a los acontecimientos una
actitud tal que pueda en todo momento y según las circunstancias modificarla
sin esfuerzo ni pesar. (…).
2.- No hagas nada sin reflexión ni fuera de las reglas que
determina el arte.
3.- (…) en cualquier momento que elijamos podemos buscar un
retiro incomparable dentro de nosotros mismos. (…). Goza, pues, sin cesar de
esta soledad y recobra en ella nuevas fuerzas. (…). ¡No lo olvides nunca! El
mundo no es más que una transformación, y la vida, una opinión.
4.- (…) luego el mundo entero no es más que una gran ciudad.
(…).
5.- La muerte es un misterio de la naturaleza, como el
nacimiento; otra combinación de los mismos elementos que si se disuelven es
para formar seres nuevos. (…).
7.- Suprime la opinión
y suprimirás el “se me ha herido”. Suprime “se me ha herido” y suprimirás el
daño.
10.- Todo lo que sucede en el mundo se halla dentro del orden
natural, (…). Continúa, pues, cumpliendo como lo has hecho hasta aquí, y todo
lo que hagas en adelante hazlo con la sola intención de hacerte hombre de bien,
(…).
18.- ¡Cuánto tiempo se gana no preocupándose de lo que el
prójimo dice, hace o piensa y cuidándose
únicamente de los propios negocios, de modo que estén de acuerdo con las leyes
divinas y humanas y sean dignos de un hombre honrado! (…).
35.- Todo es efímero y lo que rememora un recuerdo pronto es
ello mismo rememorado.
43.- El tiempo es como un rio, cuya rápida corriente arrastra
todo lo que lleva consigo. Tan pronto como hay una cosa nueva es arrastrada,
como a su vez lo serán todas las que
vengan después.
46.- No olvides nunca estas palabras de Heráclito: La muerte
de la tierra será convertirse en agua; la del agua, en volverse aire; la del
aire, en tornarse fuego, y recíprocamente. (1).
(1): Clemente de Alejandría atribuye este principio a Orfeo,
de quien sin duda la ha tomado Heráclito.
49.- (…). Desde ahora en adelante siempre que algún
acontecimiento te cause pesadumbre ten presente esta máxima: “Sufrir percances
no es una desgracia; en cambio, soportarlos con valor es una virtud meritoria.”
Pág 165
LIBRO V
5.- (…). Procura, pues, hacer, por lo menos todo lo que
dependa de ti. Sé sincero, formal, laborioso, comedido, resignado con tu
suerte, bondadoso, libre, sencillo, enemigo de frivolidades y magnánimo. (…).
6.- Hay individuos que cuando hacen un favor a su prójimo se
apresuran a echárselo en cara. Algunos no llegan a este extremo; pero en su
fuero interno consideran a su favorecido como un deudor, y siempre tienen
presente el servicio que le han hecho. Otros, en fin, ignoran al parecer hasta
el favor que han podido prestar, del mismo modo que la viña no exige nada por haber
llevado la uva y se halla, por el contrario, muy satisfecha de haber producido
el fruto que le correspondía; (…). El verdadero bienhechor no reclama nada,
sino que se prepara a otra buena acción; como la viña, que al llegarla estación
da otra vez el fruto. (…).
8.- Lo mismo que decimos: Asclepios ha ordenado al enfermo
montar a caballo, tomar baños fríos o andar descalzo, podemos decir de la
naturaleza del universo: que ha ordenado a tal o cual individuo una enfermedad,
un padecimiento, una pérdida sensible u otra cosa análoga. En efecto: en el
primer caso, (…) el médico ha puesto en orden los medios adecuados para
restablecer la salud del enfermo, y en el segundo caso significa también que la
Naturaleza ha puesto lo que a cada uno de nosotros nos sucede en el orden que
conviene a la existencia universal, (…). En suma: sólo hay una armonía; y así
como el conjunto de todos los cuerpos forman el mundo entero tal como existe,
del mismo modo el juego de todas las causas produce un efecto un efecto particular
que se llama destino. (…). Es preciso,
pues, someterse gustoso a todo lo que te sobrevenga, desde luego, porque ha
sido destinado para ti, coordinado para ti y que te pertenece en cierto modo
por estar urdido allá arriba a tu existencia por una relación de causas que
desconoces, y la segunda, porque lo que corresponde a cada uno en particular
contribuye al éxito de las miras del ser superior que gobierna todas las cosas,
dando a éstas perfección y consistencia. (…).
10.- (…). …se ve uno reducido a consolarse a sí mismo,
esperando la propia y natural disolución, sin impacientarse por su tardanza y
ateniéndose únicamente a estas dos consideraciones: primeramente, que no puede
sucederme nada que no se halle de acuerdo con la naturaleza universal, y en segundo
lugar, que sólo consiste en mí el no obrar contra mi dios y mi genio, porque
ninguna fuerza en el mundo puede obligarme a desobedecerlos.
21.- Honra en el universo a la fuerza más grande: la que
dispone de todo y gobierna todo. Honra también dentro de tu persona a la fuerza
más grande: ésta es de la misma naturaleza que aquélla. Es la que dispone de
todo lo que posees y la que dirige tu vida.
30.- El espíritu del universo es un espíritu social. Por
consiguiente, ha criado seres inferiores para los más perfectos, y ha procurado
armonizar los unos con los otros. (…).
31.- ¿Cómo te has conducido hasta hoy con tus dioses, tus
parientes, tus hermanos, tu mujer, tus hijos, tus amos, tus gobernadores, tus
amigos, tus íntimos y tus criados?
¿Observaste hasta ahora con todos ellos el precepto de No
hacer ni decir a alguien algo malo. (1): Homero, Odisea, VI, 690.
(…).
32.- (…). ¿Qué se entiende, pues, por alma culta e instruida?
La que conoce el origen de los seres y su fin, como también el genio que
penetra la naturaleza entera y preside al gobierno del mundo durante el
transcurso de los siglos, testigos de fatales y periódicas evoluciones.
33.- (…). La buena fe, el pudor, la justicia y la verdad han
huido hacia el Olimpo, lejos de la faz terrena (2): Hesiodo: Trabajo y Días, v.
197. ¿Qué es, pues, lo que te retiene todavía en este mundo si los objetos
sensibles no tienen consistencia ni estabilidad; ni tus sentidos, desprovistos
de sutileza, están sujetos a sufrir engañosas impresiones; si tus órganos
vitales no son más que un vapor de la sangre; si la celebridad entre los
mortales es tan efímera? ¿Qué hacer entonces? Esperar con paciencia que tu alma
se extinga o que emigre de tu cuerpo. Y en tanto que llegue este momento, ¿qué
debes hacer para vivir satisfecho, sino honrar y bendecir a los dioses, hacer
el bien a los hombres y soportarlos y abstenerte de hacerles el menor prejuicio
(…)?
36.- No te dejes arrastrar inconsideradamente por la
imaginación, sino ayuda a tus semejantes a medida de tus fuerzas y según sus
necesidades; aunque no se hallen privados del bienestar exterior. (…).
Dondequiera que te encuentres abandonado, puedes ser un hombre feliz;
entiendo por hombre feliz el que sabe procurarse una buena suerte; y por buena
suerte, quiero decir buenos principios, nobles aspiraciones y actos ejemplares.
Pág. 177
LIBRO VI
2.- Cuando cumples con tu deber no hagas caso si tienes frio
o calor, si tienes necesidad o no de dormir, si te aplauden o te critican, y si
corres algún peligro o vas a morir. El hecho de morir es uno de los actos de la
vida, (…).
7.- Pasar sucesivamente de una acción social a otra debe ser
tu único goce, tu sola distracción; pero acordándote siempre de Dios.
8.- Lo que nos guía es la facultad que posee el alma de
dirigirse a sí misma, de componerse según su voluntad y de considerar todo lo
que sucede desde el punto de vista que juzga conveniente.
30.- (…). Procura, pues, ser siempre sencillo, bueno, formal,
serio, justo, religioso, bondadoso, afable y constante en la práctica de tus
deberes. Acrecienta tus esfuerzos con el fin de que permanezcas tal como te ha
formado la filosofía. Venera a los dioses y respeta a los hombres. La vida es
corta: la única ventaja que nos proporciona la existencia en este mundo es la
de poseer la virtud en el corazón y obrar por bien de la sociedad. (…).
39.- Acostúmbrate a lo que el destino te ha asignado y
quienquiera que sean los hombres con los cuales tienes que vivir, ámalos, pero
de verdad.
44.- Si los dioses han deliberado acerca de mí mismo y de lo
que debe sucederme, su decisión tiene que ser buena forzosamente, porque no se
puede concebir un dios desprovisto de sabiduría. Además, ¿cuál sería el motivo
que los impulsara a hacerme daño? (…). Y suponiendo que no hayan deliberado
particularmente acerca de mí mismo, por lo menos han establecido un plan
general; y puesto que todo lo que me sucede es una consecuencia forzosa de ese
plan, mi deber es acogerlo como es debido y llevarlo con resignación. (…).
45.- Todo lo que nos sucede a cada uno es útil para el
universo. Esto sería bastante decir. Sin embargo, observa atentamente las cosas
y verás también: que todo lo que le sucede a un individuo es útil para los demás.
(…).
47.- (…). En definitiva, sólo hay en este mundo una cosa
digna de nuestros esfuerzos: practicar la verdad y la justicia y tratar con
indulgencia a los mentirosos y a los hombres injustos en medio de los cuales
vivimos.
48.- Cuando quieras estar contento, piensa en las cualidades
de los que viven contigo; por ejemplo, en la actividad de éste, en la modestia
de aquél, en la generosidad del otro. No hay nada que alegre tanto el alma como
la imagen de las virtudes que sobresalen
en las costumbres de los que viven con nosotros. (…).
53.- Acostúmbrate a escuchar sin distracción todo lo que otro
dice y a penetrar todo lo posible en el espíritu del que habla.
58.- Nadie te impedirá vivir según los principios de tu
naturaleza; como tampoco te sucederá nada que no esté dentro del orden del
universo.
Pág 190
LIBRO VII
2.- ¿Por qué razón van a extinguirse tus principios si las
ideas que corresponden a ellos y que debes sostener continuamente no se
extinguen?
Soy libre de pensar lo que conviene para tal o cual objeto.
Luego, si soy libre, ¿por qué confundirme? Todo lo que hay fuera de mi alma no
tiene ningún imperio sobre ella. Piensa de este modo y vivirás con rectitud.
(…).
9.- Todas las cosas se hallan entrelazadas las unas con las
otras, formando un encadenamiento sagrado, y quizá no haya ninguna que se halle
independiente de la otra. Todas están subordinadas y su conjunto constituye la
belleza del universo. Porque no hay más que un mundo que abraza todo, un solo
Dios que está en todas partes, una materia elemental única, una ley que es la
razón común de todos los seres inteligentes y una sola verdad, del mismo modo
que sólo hay un estado de perfección para las criaturas del mismo género y para
los seres que participan de la misma razón.
10.- Todo lo que es material se confunde pronto con la masa de la substancia universal; toda causa es absorbida en un instante en la razón universal; todo recuerdo se funde al instante en la eternidad.
13.- La conexión que existe entre los miembros de un mismo
cuerpo existe también entre los seres racionales, por muy distintos que sean
unos de otros; porque han sido organizados para cooperar a una misma obra. (…).
22.- Está en el deber del hombre el amar aun a los que le
ofenden. El medio de conseguirlo lo hallarás fácilmente reflexionando que son
para ti como hermanos; que si son culpables, no es a sabiendas, sino por
ignorancia; que sin tardar mucho tiempo habéis desaparecido unos y otros; y
sobre todo, que no te han hecho ningún mal, puesto que no han vuelto tu alma
peor de lo que era antes.
24.- La alteración de los rasgos causada por la cólera es
seguramente contraria a la naturaleza. Si se reproduce a menudo, la fisonomía
pierde su expresión, la tez acaba por marchitarse y no puede ya recobrar su
brillo. Ve, pues, en esto una prueba de que la cólera es también contraria a la
razón. (…).
26.- Si llegara a suceder que alguien te faltase, pregúntate
en seguida cuán es la opinión que ha debido hacerse de lo que es el bien y de
lo que es el mal, para que haya podido incurrir en esa falta. Una vez edificado
acerca de este punto, sólo experimentarás para con él un sentimiento de
compasión, sin demostrar por eso ni
asombro ni cólera.
(…).
30.- Que tu inteligencia siga atentamente todo lo que se dice
y que penetre los hechos y sus causas.
31.- Adorna tu alma con la sencillez, la modestia y la
indiferencia para todo lo que ocupa el término medio entre la virtud y el
vicio. Sé el amigo del género humano. Obedece a Dios; porque, según dice el
poeta, “todo se halla sometido a sus leyes”.
(…).
32.- La muerte: O es una dispersión, si estoy compuesto de
átomos, o la unión con mi principio; en todo caso, es una extinción o el paso
de una vida a otra.
33.- El dolor: Si es insoportable, mata; si dura mucho
tiempo, es soportable. En este caso, si el alma se repone y conserva su
tranquilidad; y la razón, que es nuestra guía, no sufre ninguna
alteración. (…).
35.- ¿Crees tú que un individuo dotado de grandeza de alma y
de una penetración suficientemente poderosa para contemplar a la vez la
inmensidad de los tiempos y el conjunto de los seres puede considerar la vida
humana como un bien extraordinario? –De ninguna manera –dice.
--Luego un individuo como este, ¿podrá pensar acaso que la
muerte sea un mal? --Seguramente que no.
(1): Platón: Politeia, lib. VI, 486 A.
41.- Si los dioses me abandonan, y lo mismo a mis dos hijos, será por alguna
razón. (6): Platón: Apología, 28 B.
42.- El bien y la justicia están conmigo. (7): Platón: Apología de Sócrates.
43.- No te lamentes con nadie ni con nadie te inquietes.
46.- (…) ten buen cuidado de que la honradez y el bien
consistan únicamente en velar por la salvación de los demás y por la nuestra
propia, pues la virtud no está en prolongar indefinidamente nuestra existencia.
El hombre que es verdaderamente hombre debe dejar a las cosas seguir su curso
sin apegarse a la vida; no obstante, acerca de este punto, debe confiarse a
Dios y decir, como las mujeres, que no se puede sustraer a su destino. Es
preciso, sobre todo, que examine con cuidado cuál es el mejor empleo que puede hacer del tiempo que
ha de vivir. (1): Platón: Gorgias.
49.- Echa una ojeada hacia el pasado, hacia el trastorno de
tantos estados poderosos, y de este modo podrás prever fácilmente lo que será
el porvenir. El espectáculo será semejante; todo irá al mismo paso y en iguales
condiciones que en lo que en la actualidad sucede. Es, pues, indiferente ser
espectador de la vida humana durante cuarenta años que por espacio de mil;
porque, en resumen, ¿podrás ver algo más?
50.- Lo que proviene de la tierra vuelve otra vez a la
tierra, pero lo que tiene origen celeste torna luego a la esfera de los cielos.
(1): Fragmento de Eurípides exponiendo las ideas de Anaxágoras.
De otro modo, este fenómeno de la muerte es una separación de
átomos que se hallaban adheridos entre sí, una dispersión de elementos
desprovistos de sensibilidad.
63.- El alma, a pesar
de ser el alma, se halla privada de la verdad, dice el filósofo (1)(Platón: El
Sofista). Luego, siendo así, el alma se halla también privada de justicia, de
templanza, de humanidad y de cualquier otra virtud semejante. Es preciso, pues,
no olvidar esto, y de este modo serás cada vez más indulgente para con tu
prójimo.
65.- Guárdate siempre de testimoniar a las personas
insociables el humor que éstas testimonian a los demás.
69.- La perfección de las costumbres consiste en obrar cada
día como si debiera ser el último, es decir, sin agitación, sin abandono y sin
hipocresía.
74.- No hay quien se canse de recibir favores. Luego si hacer
un favor es llevar a cabo un acto conforme a la naturaleza, trata de
favorecerte a ti mismo al favorecer a los demás.
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LIBRO VIII
2.- (...). Dentro de unos instantes ya no existiré; todo habrá desaparecido para mí. ¿Qué puedo esperar más, si mi acto presente es digno de un ser inteligente, sociable y sometido a la misma ley que Dios?
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LIBRO VIII
2.- (...). Dentro de unos instantes ya no existiré; todo habrá desaparecido para mí. ¿Qué puedo esperar más, si mi acto presente es digno de un ser inteligente, sociable y sometido a la misma ley que Dios?
17.- Si el acto depende de ti mismo, ¿por qué lo haces? Si
depende de otro, ¿a quién podrás pedir cuentas: a los átomos o a los dioses?
(…).
23.- Si llevo a cabo un acto, lo hago pensando en el bien de
la humanidad; si me sucede algún accidente, lo acepto teniendo en cuenta que
viene de los dioses y del origen de todas las cosas y de todos los
acontecimientos.
26.- No hay nada que colme tanto de alegría al hombre como el
hacer lo que es propio de la naturaleza humana. Luego es propio en el hombre
amar a sus semejantes, despreciar todo lo que afecta a los sentidos, distinguir
lo fingido de lo verdadero, observar cuidadosamente la naturaleza universal y
acatar todos los acontecimientos que las leyes nos aporten.
29.- Borra de tu pensamiento lo que sólo es pura imaginación y háblate
interiormente así: “En este mismo momento sólo depende de mí el que no exista
en mi alma ningún vicio, ninguna pasión, en una palabra, ningún desorden; (…).”
(…).
33.- Recibir sin orgullo los favores de la fortuna; perderlos
sin lamentarse.
47.- Si te afliges por una cosa que está fuera de tu alcance,
no es la cosa precisamente lo que te aflige, sino la idea que tú te formas;
luego en ti está el borrar esta idea de
tu espíritu.
Si lo que te apesadumbra es una secreta disposición de tu
alma, ¿quién te impide corregir tu opinión, que es la causa de ello? (…).
51.- Obra sin negligencia. En tus conversaciones no seas
difuso. No divagues en tus pensamientos. Evita, asimismo, el aspecto taciturno
y las agudezas de ingenio. No consumas tu vida en los negocios.
(…).
56.- La voluntad de mi prójimo es tan diferente de la mía
como su alma y su cuerpo. La naturaleza nos ha hecho indudablemente los unos
para los otros; sin embargo, la razón que nos guía tiene su dominio aparte en
cada uno de nosotros. De lo contrario, la perversidad de mi prójimo sería un
mal para mí: Dios no lo ha permitido, por temor de que dependiese de la
voluntad de otro el hacer un desgraciado.
58.- El que tiene miedo a la muerte, tiene miedo de verse
privado de todo sentimiento o de tener otros distintos. Mas si no tiene ningún sentimiento, no
sentirá, por consiguiente, ningún mal, y si adquiere otra facultad de sentir,
será un ser de diferente especie y no cesará de vivir.
59.- Los hombres han sido hechos los unos para los otros.
Instrúyeles, pues, o sopórtalos.
61.- Penetra hasta el interior del corazón de cada uno y
permite también que todos puedan penetrar hasta el interior del tuyo.
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LIBRO IX
1.- Cometer una injusticia es cometer una impiedad. La
naturaleza universal ha creado, en efecto, todos los seres racionales para que
se presten mutuo apoyo en tanto que su dignidad se lo permita y para que no se
causen el menor perjuicio con ningún pretexto. Tal ha sido su designio; aquel
que lo desconociere faltará evidentemente al respeto de la más antigua de las
divinidades.
Mentir es cometer también otra impiedad contra la misma
diosa; porque la naturaleza universal es la madre de todos los seres, y éstos
se hallan unidos entre sí por estrecho parentesco. Además, a la naturaleza
universal se la denomina con razón la
Verdad, puesto que es el origen de todo lo verdadero. El que miente
intencionadamente comete una impiedad, porque, al engañar, hace una injusticia;
y el que miente sin querer comete también otra, porque deshace la armonía
establecida por la naturaleza universal y perturba el orden, contrariando la
naturaleza del mundo. Se la contraría, en efecto, empleando falsedades aun en
contra de nuestro propio corazón, ya que éste ha recibido de la naturaleza un
sentimiento de aversión por lo falso, y que, precisamente por no haberlo tenido
en cuenta, no puede establecer ahora la diferencia que existe entre lo
verdadero y lo falso.
Es un impío, asimismo, el que busca los placeres como si
fueran verdaderos bienes y huye de los dolores como de verdaderos males. Hay
quien critica a la común naturaleza el haber repartido injustamente los bienes
entre los buenos y los malos, puesto que sucede muchas veces que los malos
gozan de todos los placeres y adquieren abundantemente todo aquello que puede
procurárselos, en tanto que los buenos se ven acosados de dolores y sometidos a
los más duros trances. En primer lugar, el que teme los dolores temerá también
todo lo que debe sucederle un día en este mundo, demostrando con esto que es un
impío, y en segundo, el que busca sin cesar los placeres de los sentidos no se
arredrará ante una injusticia, y esto es la impiedad manifiesta. Luego es
preciso que el que quiera conformarse al orden de la naturaleza tiene que mirar
con indiferencia todas las cosas que ha hecho igualmente ésta, porque no las
habría hecho asimismo si no hubiesen sido del todo iguales a su parecer. Por
consiguiente, es un impío el hombre que no considere con la misma indiferencia
los placeres y los dolores, la vida y la muerte, la gloria y el olvido, cosas
éstas que la naturaleza universal envía indistintamente a los buenos y a los
malos.
(…).
2.- El hombre verdaderamente virtuoso debe salir de esta vida
sin haber conocido la mentira, ni el disimulo, ni la molicie, ni la ostentación.
Pero a falta de una virtud semejante, hay otra: la de morir aborreciendo estas
miserias. ¡Cómo! ¿Preferirías corromperte en el vicio? ¿No te ha persuadido
todavía la experiencia de que debes huir de tal peste? Porque la corrupción del
alma es una peste mucho más perniciosa que la intemperie y la insalubridad del
aire. Esto es una epidemia para el animal, únicamente como animal, en tanto que
la otra es la epidemia del hombre como hombre.
3.- No desprecies la muerte, sino considérala sin sobresalto
y como una de las obras de la Naturaleza. Si es un hecho natural el llegar a la
adolescencia y envejecer luego, el crecer y adquirir la plenitud de las
fuerzas, el tener dientes, más tarde barba y finalmente cabellos blancos, el
procrear, el llevar un niño en su seno y después darle a luz; en una palabra:
el pasar por todas las condiciones y todas las fases de la vida, también es un
hecho semejante el caer en la nada. Cuando se trata de la muerte, el hombre
reflexivo no debe mostrar ni temor. Ni indignación, ni desdén; al contrario,
debe esperarla como otra obra más de la Naturaleza. (…).
4.- El que peca, peca contra sí mismo; el que comete una
injusticia se perjudica también a sí mismo, puesto que se convierte en un
malvado.
6.- Si en el momento presente te estás
penetrado de la verdad de tus principios, ocupado únicamente en acciones útiles a la sociedad y dispuesto
con toda tu alma a recibir todo lo que llega o emana de la causa suprema, te
basta, y todavía puedes estar muy contento.
7.- Acalla tu imaginación, retén los movimientos de tu
corazón, apaga tus deseos y procura que tu alma sea dueña de sí misma.
11.- Perfecciona los hombres si puedes, y, si no puedes,
recuerda que para ellos te ha sido dado el sentimiento de benevolencia. Los
mismos dioses tratan con indulgencia a esos extraviados, y su bondad es tal que
les ayudan a procurar muchas cosas; por ejemplo, la salud, la riqueza, la
gloria. Te es fácil además ser benévolo; dime si no: ¿quién te lo impide?
12.- Trabaja, no como un miserable ni con el deseo de hacerte
compadecer o admirar: no desees más que una cosa y es que no haya en tu vida ni
acción ni reposo que no se aplique al interés de la sociedad.
31.- Conserva la tranquilidad del alma, cuando lo que te
ocurre proviene de una causa exterior. Confórmate a la justicia en lo que se
produce por un motivo que emana de ti; es decir, en toda intención, acción, no
te propongas otro objeto que el bien de la sociedad, finalidad eminentemente en
relación con la naturaleza.
35.- La pérdida de la vida no es otra cosa que un cambio de
estado. No hay en eso más que un juego de la naturaleza universal que tan bien
lo hace todo. En todo tiempo lo ha hecho así y continuará haciéndolo hasta el
fin de los siglos. ¿Por qué dices que todo ha estado y estará siempre mal? ¿Qué
tantos dioses no han tenido bastante poder para corregir ese desorden y que el
mundo ha sido condenado a males perpetuos e incurables?
40.- O los dioses no tienen poder alguno, o son
todopoderosos. Si no tienen ningún poder, ¿para
qué dirigirles súplicas? Pero si son todopoderosos, ¿por qué
no les ruegas que te concedan el favor de no experimentar ni temor, ni deseo,
ni penas, ocurra lo que ocurra, en lugar de pedirles que tal cosa suceda o no
suceda? Porque, en fin, si los dioses pueden venir en auxilio de los hombres,
pueden muy bien concederles este favor.
(…).
42.- Cuando alguno te haya ofendido por su impudor, hazte
inmediatamente esta pregunta: “¿Es posible que en el mundo no haya imprudentes?
No; eso no es posible.” No pidas, pues, lo imposible. Ese hombre es uno de los
imprudentes que necesariamente debe tener el mundo.
(…).
Sobre todo, cuando tienes que quejarte de la perfidia de un
hombre, o de su ingratitud, lanza una mirada sobre ti mismo. Pues, sin duda,
falta tuya es haber creído que un hombre sin fe sería fiel, (…). Has prestado
servicio a un hombre; está bien; ¿qué más quieres? ¿No te es suficiente haber
obrado conforme a tu naturaleza? ¿Necesitas por eso un salario? Es como si el
ojo pidiese una recompensa porque ve, o los pies porque marchan.
(…).
LIBRO X
3.- O la naturaleza
te ha dado bastantes fuerzas para soportar todo cuanto te suceda o no te ha
dado las suficientes. En el caso de que tengas bastantes para soportar lo que
te suceda, no te indignes, sino llévalo con naturalidad; y si el accidente está
por encima de tus fuerzas, ten paciencia, porque al consumirte él también se
consumirá. Sin embargo, ten presente que, por tu naturaleza, puedes soportar
todo lo que es susceptible de volverse tolerable y soportable, considerando
para ello tu verdadero interés y tu deber.
4.-Si se equivoca, corrígele con afecto, haz que reconozca su
error; pero, si tú no puedes convencerle, no acuses a otro, sino a ti mismo, o
no te acuses.
15.- Te queda muy poco tiempo de vida. Vive, pues, como en
una montaña, ya que importa poco el vivir aquí o allá si se vive por doquier en
el mundo como en una ciudad. Que los hombres vean y reconozcan en tu persona un
hombre como es debido y que vive conforme a la Naturaleza. Si no te consienten
que obres así, que te maten. Más vale morir que vivir como ellos.
25. Aquel que huye de su maestro es un desertor. Luego, si la
ley es nuestra maestra, aquel que no la cumple es un desertor. Pero aquel que
se aflige, que se disgusta, que tiene miedo, rehusa lo que está hecho, se hace
y se hará conforme al orden de las cosas establecido por el organizador
supremo. Luego si éste es la ley, es él
quien distribuye a cada uno su lote. Según esto, aquel que tiembla, que se
aflige o que se disgusta es un desertor.
29.- Examina aparte cada una de las cosas que haces, y
pregúntate si la muerte es temible porque te priva de esto o de aquello.
30.- Cuando estés irritado por una falta de alguien, al
instante examínate a ti mismo, cuenta las faltas que poco más o menos parecidas
cometes; por ejemplo, al mirar como un bien el dinero, o el placer, o la
vanagloria y otras cosas semejantes. Esta reflexión hará pronto desaparecer tu
humor. Añade que es a pesar tuyo que él ha pecado. ¿Qué puede hacer él? O bien,
si tú puedes, líbrale de la violencia que sufre.
32.- Que nadie pueda
decir sin mentir que no eres natural o que no eres hombre honrado. Haz ver lo
contrario a aquel que tenga de ti esa opinión; y todo eso depende de ti. ¿Qué
alguien, en efecto, puede impedirte ser bueno y humilde? No tomes otra
resolución, sino renuncia a la vida antes que a estas virtudes; porque la razón
no permite vivir en otra forma.
33.- (…). Pero el
alma, inteligencia y razón, se halla en estado de arrastrar todo obstáculo que
se le presente. Ella tiene para sí su naturaleza y su libre albedrío. (…). Por
lo demás, cuanto a los obstáculos, o bien no existen sino para el cuerpo, es
decir, el cadáver, o no pueden causar ni herida ni mal alguno al alma, al
menos que ella no se forme una falsa
opinión y que la razón se extravíe; de otra manera, el hombre vencido de
antemano, llegará por ese camino hasta la maldad. (…).
34.- Cuando un hombre está inculcado de los verdaderos
principios, la palabra más corta y hasta más corriente es suficiente para
desterrar de su corazón la tristeza y el temor. Ejemplo:
“Como generaciones de las hojas
Así son las de los hombres… (1): Ilíada, lib. VI, verso 147 y
siguientes.
Sí; tus queridos hijos no son sino pobres hojas, (…).
37.- Toma la costumbre, cuando observes las acciones de un
hombre, de hacerte, siempre que se pueda, esta pregunta. ¿Cuál es el fin que
este hombre persigue? Pero principia por ti mismo, y, desde luego, examina, a
fondo tu corazón.
Pág. 242
LIBRO XI
15.- (…). En una palabra: el hombre franco y honesto debe ser
algo como aquel que exhala un olor particular: que al aproximarse a él uno
sienta buen o mal olor, según con quien trata. (…). El hombre que es virtuoso,
humilde y bueno, refleja en su vista todo su pensamiento, sin disimulación
alguna.
18.- (…). Séptimo: aquello que nos indigna no son las
acciones de los otros, pues tienen su principio en el espíritu que las guía;
son nuestras propias opiniones. Suprime, pues, tu opinión; cesa con firme
resolución de juzgar tus [sus ] acciones como molestas para ti, y tu cólera se
disipará. ¿Cómo suprimir tu opinión? Haciéndote este razonamiento: que nada hay
en ellas que sea vergonzoso para ti. Luego el verdadero mal no consiste en
hacer lo que nos cause vergüenza. Si fuese de otro modo, serías, a pesar tuyo,
culpable de muchas faltas; podrías ser hasta un granuja o cualquier otra clase
de malhechor.
Octavo: ¡cuán mayor es el mal que la cólera y el enfado
suscitados por las acciones que otros nos hacen, que las mismas acciones que
nos encolerizan y desazonan!
Noveno: la dulzura es una fuerza invencible cuando es
sincera, sin afectación y sin disfraz. (…).
(…). Al momento de sentirte enfadado, no olvides que es
indigno del hombre dejarse arrastrar por la cólera, y que la paciencia y la
dulzura son las cualidades al mismo tiempo más humanas y más fuertes; ellas
indican vigor, coraje y energía,; y no se puede decir lo mismo de la la cólera
y del despecho. Cuanto más de aproxima
la paciencia a la impasibilidad, es más fuerte. Si la tristeza es un
signo de debilidad, la cólera es otro; en ambos casos se han recibido heridas,
se ha capitulado.
(…).
19.- El alma tiene cuatro inclinaciones contra las que es
preciso estar en continuo acecho, en el momento de observarlas, debes
instruirlas haciendo para cada una de ellas estas diversas reflexiones:
ésta es un fantasma de mi imaginación y, por tanto, no es
verdad;
aquélla se propone arruinar la sociedad;
vas a decir tal o cual cosa que tú no la sientes en el fondo
de tu corazón, piensa que no hay nada más miserable que hablar contra lo que
uno piensa.
(…).
39.- Sócrates decía: --¿Qué deseáis? ¿Tener el alma como
seres razonables o de brutos?
--De seres razonables.
--¿De qué clase de seres razonables? ¿Sanos o depravados?
--Sanos.
--Por qué, pues no tratáis de poseerla?
--Porque la poseemos ya.
--Luego, ¿por qué estáis en lucha y discordia los unos con
los otros?
Pág 253
LIBRO XII
1.- Todos los bienes que deseas y trabajas por adquirirlos
con mil rodeos, puedes poseerlos desde hoy mismo a condición de tener cuidado
de ti. He aquí el medio: olvida todo lo pasado, entrega el porvenir en manos de
la Providencia y ordena el presente guiándote únicamente en la santidad y la
justicia; en la santidad, amando tu destino tal como es, puesto que la
Naturaleza lo ha hecho para ti y tú eres hecho para la Naturaleza; en la
justicia diciendo siempre libremente y sin dudar la verdad y obrando conforme a
las leyes y a la dignidad. Que nada te moleste, ni la maldad de los otros, ni
sus opiniones, ni su lenguaje, (…).
3.- Tu persona se compone de tres sustancias: de un cuerpo,
de un alma animal y de otra razonable. Las dos
primeras te pertenecen en el sentido de que estás obligado a cuidarte de
ellas; pero es solamente la tercera la que es de tu propiedad.
(…).
12.- Aquello que acontece es conforme a las leyes de la Naturaleza;
no por eso hay que culpar a los dioses, pues ellos no cometen jamás errores, ni
involuntarios ni voluntarios; tampoco los hombres, pues si se equivocan no es
por su voluntad. Así, pues, no hay que culpar a nadie.
16.- ¿Te ha dado alguno motivo para pensar que ha cometido
una falta? Pregúntate: ¿Es que estoy seguro de que es una falta?” Y si la falta
es cierta, suponte que él ya se ha juzgado culpable y se ha castigado tan
cruelmente (…).
24.- He aquí tres puntos esenciales que se deben seguir: Primero,
en tu propia conducta, procura, procura no hacer nada sin reflexionar, o de
manera distinta que haría la justicia. Referente a los acontecimientos
exteriores, no pensar sino que son efectos de la causalidad u obra de la
Providencia; luego el azar no debe producir queja alguna ni la Providencia
ninguna acusación. (…).
Págs.. 258… y 259
// págs.. 260 y 261
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Pág 261
Fin